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DE CRISTO
 
 

Vía Crucis
Sector Palo Negro
30 de Marzo de 2012

EVENTOS REALIZADOS

Como parte de las costumbres que desarrollan los vecinos del sector Palo Negro, ubicado en la parte sur de Río Chico, en el marco de la llegada de la Semana Santa, realizaron la presentación de un ‘Vía Crucis Viviente’, logrando involucrar a toda la comunidad en este acto religioso que anualmente se coordina en este sector.

Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro

La emotiva dramatización desarrollada por las calles del sector Palo Negro de Río Chico, involucró a jóvenes del lugar, que representaron a los centuriones romanos, las mujeres que acompañaron a Jesús, y a los ladrones que crucificaron a sus lados.

El evento fue organizado por todos los habitantes del sector Palo Negro, bajo la coordinación de Héctor Hernández y Miguel (tapicero). Y bajo la bendición y orientación de la Iglesia Católica, en las personas del seminarista Freddy García y Migdalia Rojas, O.P. y todos los integrantes de la Fraternidad Dominicana “La Sagrada Familia”; los cantos bajo la dirección de Elena Rudas, María Peña y María Omaira León.

Fotos del Evento:

El Vía crucis es una devoción centrada en los Misterios dolorosos de Cristo,
que se meditan y contemplan caminando y deteniéndose en las estaciones que,
del Pretorio al Calvario, representan los episodios más notables de la Pasión.

Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
Inicio de la Pasión.

Dirige el vía crucis Migdalia Rojas, O.P.
Fraternidad Dominicana “La Sagrada Familia”

Una de las prácticas de piedad popular,
más propia del tiempo de la Cuaresma es el vía crucis;
es un modo de oración válido, sobre todo en las últimas semanas de la Cuaresma,
cuando la atención de la comunidad cristiana se centra en la Pasión de Cristo.

Primera Estación
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
«Reo es de muerte», dijeron de Jesús los miembros del Sanedrín,
y como no podían ejecutar a nadie, lo llevaron de la casa de Caifás al Pretorio.
Pilato no encontraba razones para condenar a Jesús, e incluso trató de liberarlo,
pero ante la presión amenazante del pueblo instigado por sus jefes:
«Crucifícalo, crucifícalo», «Si sueltas a ése, no eres amigo del César»,
pronunció la sentencia que le reclamaban y les entregó a Jesús,
después de azotarlo, para que fuera crucificado.

San Juan el evangelista nos dice que, pocas horas después,
junto a la cruz de Jesús estaba María, su madre.
Y hemos de suponer que también estuvo muy cerca
de su Hijo a lo largo de todo el vía crucis.

Segunda Estación
JESÚS CARGA CON LA CRUZ
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
Condenado a muerte, Jesús quedó en manos de los soldados del procurador,
que lo llevaron consigo al pretorio y, reunida la tropa, hicieron mofa de él.
Llegada la hora, le quitaron el manto de púrpura con que lo habían vestido para la burla,
le pusieron de nuevo sus ropas, le cargaron la cruz en que había de morir
y salieron camino del Calvario para allí crucificarlo.

El peso de la cruz es excesivo para las mermadas fuerzas de Jesús,
convertido en espectáculo de la chusma y de sus enemigos.
No obstante, se abraza a su patíbulo deseoso de cumplir hasta el final la voluntad del Padre:
que cargando sobre sí el pecado, las debilidades y flaquezas de todos, los redima.
Nosotros, a la vez que contemplamos a Cristo cargado con la cruz, oigamos su voz que nos dice:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame».

Tercera Estación
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
Nuestro Salvador, agotadas las fuerzas por la sangre perdida en la flagelación,
debilitado por la acerbidad de los sufrimientos físicos y morales que le infligieron aquella noche,
en ayunas y sin haber dormido, apenas pudo dar algunos pasos y pronto cayó bajo el peso de la cruz.
Se sucedieron los golpes e imprecaciones de los soldados, las risas y expectación del público.
Jesús, con toda la fuerza de su voluntad y a empellones, logró levantarse para seguir su camino.

Isaías había profetizado de Jesús:
«Eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba.
Yahvé descargó sobre él la culpa de todos nosotros».
El peso de la cruz nos hace tomar conciencia del peso de nuestros pecados,
infidelidades, ingratitudes…, de cuanto está figurado en ese madero.
Por otra parte, Jesús, que nos invita a cargar con nuestra cruz y seguirle,
nos enseña aquí que también nosotros podemos caer,
y que hemos de comprender a los que caen;
ninguno debe quedar postrado; todos hemos de levantarnos
con humildad y confianza buscando su ayuda y perdón.

Cuarta Estación
JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
En su camino hacia el Calvario, Jesús va rodeado por una multitud de
soldados, jefes judíos, pueblo, gentes de buenos sentimientos…
También se encuentra allí María, que no aparta la vista de su Hijo,
quien, a su vez, la ha entrevisto en la muchedumbre.
Pero llega un momento en que sus miradas se encuentran,
la de la Madre que ve al Hijo destrozado, la de Jesús que ve a María triste y afligida,
y en cada uno de ellos el dolor se hace mayor al contemplar el dolor del otro,
a la vez que ambos se sienten consolados y confortados
Por el amor y la compasión que se transmiten.

Nos es fácil adivinar lo que padecerían Jesús y María, pensando en
lo que toda buena madre y todo buen hijo sufrirían en semejantes circunstancias.
Ésta es sin duda una de las escenas más patéticas del Vía crucis,
porque aquí se añaden, al cúmulo de motivos de dolor ya presentes,
la aflicción de los afectos compartidos de una madre y un hijo.
María acompaña a Jesús en su sacrificio
y va asumiendo su misión de corredentora.

Quinta Estación
JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
Jesús salió del pretorio llevando a cuestas su cruz, camino del Calvario;
pero su primera caída puso de manifiesto el agotamiento del reo.
Temerosos los soldados de que la víctima sucumbiese antes de hora,
pensaron en buscarle un sustituto.
Entonces el centurión obligó a un tal Simón de Cirene,
que venía del campo y pasaba por allí, a que tomara la cruz
sobre sus hombros y la llevara detrás de Jesús.
Tal vez Simón tomó la cruz de mala gana y a la fuerza, pero luego,
movido por el ejemplo de Cristo y tocado por la gracia,
la abrazó con resignación y amor,
y fue para él y sus hijos el origen de su conversión.

El Cireneo ha venido a ser como la imagen viviente
de los discípulos de Jesús, que toman su cruz y le siguen.
Además, el ejemplo de Simón nos invita
a llevar los unos las cargas de los otros, como enseña San Pablo.
En los que más sufren hemos de ver a Cristo cargado con la cruz
que requiere nuestra ayuda amorosa y desinteresada.

Sexta Estación
LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
Dice el profeta Isaías: «No tenía apariencia ni presencia;
lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar.
Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias,
como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no lo tuvimos en cuenta».
Es la descripción profética de la figura de Jesús camino del Calvario,
con el rostro desfigurado por el sufrimiento, la sangre, los salivazos, el polvo, el sudor…
Entonces, una mujer del pueblo, Verónica de nombre,
se abrió paso entre la muchedumbre llevando un lienzo
con el que limpió piadosamente el rostro de Jesús.
El Señor, como respuesta de gratitud,
le dejó grabada en él su Santa Faz.

Una letrilla tradicional de esta sexta estación nos dice:
«Imita la compasión / de Verónica y su manto / si de Cristo el rostro santo / quieres en tu corazón».
Nosotros podemos repetir hoy el gesto de la Verónica en el rostro de Cristo,
que se nos hace presente en tantos hermanos nuestros
que comparten de diversas maneras la pasión del Señor, quien nos recuerda:
«Lo que hagáis con uno de estos, mis pequeños, conmigo lo hacéis».

Séptima Estación
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
Jesús había tomado de nuevo la cruz, y con ella a cuestas llegó
a la cima de la empinada calle, que daba a una de las puertas de la ciudad.
Allí, extenuado, sin fuerzas, cayó por segunda vez bajo el peso de la cruz.
Faltaba poco para llegar al sitio en que tenía que ser crucificado, y Jesús,
empeñado en llevar a cabo hasta la meta los planes de Dios, aún logró reunir fuerzas,
levantarse y proseguir su camino.

Nada tiene de extraño que Jesús cayera si se tiene en cuenta
cómo había sido castigado desde la noche anterior, y cómo se encontraba en aquel momento.
Pero, al mismo tiempo, este paso nos muestra lo frágil que es la condición humana,
aun cuando la aliente el mejor espíritu, y que no han de desmoralizarnos las flaquezas
ni las caídas cuando seguimos a Cristo cargados con nuestra cruz.
Jesús, por los suelos una vez más, no se siente derrotado ni abandona su cometido.
Para Él no es tan grave el caer como el no levantarnos.
Y pensemos cuántas son las personas que se sienten derrotadas y sin ánimos
para reemprender el seguimiento de Cristo, y que la ayuda de una mano amiga
podría sacarlas de su postración.

Octava Estación
JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
Dice el evangelista San Lucas que a Jesús,
camino del Calvario, lo seguía una gran multitud del pueblo;
y unas mujeres se dolían y se lamentaban por Él.
Jesús, volviéndose a ellas les dijo:
«Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos»;
añadiéndoles, en figuras, que si la ira de Dios se ensañaba como veían con el Justo,
ya podían pensar cómo lo haría con los culpables.

Mientras muchos espectadores se divierten y lanzan insultos contra Jesús,
no faltan algunas mujeres que, desafiando las leyes que lo prohibían,
tienen el valor de llorar y lamentar la suerte del divino Condenado.
Jesús, sin duda, agradeció los buenos sentimientos de aquellas mujeres,
y movido del amor a las mismas quiso orientar la nobleza
de sus corazones hacia lo más necesario y urgente:
la conversión suya y la de sus hijos.
Jesús nos enseña a establecer la escala
de los valores divinos en nuestra vida,
y nos da una lección sobre el santo temor de Dios.

Novena Estación
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
Una vez llegado al Calvario,
en la cercanía inmediata del punto en que iba a ser crucificado,
Jesús cayó por tercera vez, exhausto y sin arrestos ya para levantarse.
Las condiciones en que venía y la continua subida lo habían dejado sin aliento.
Había mantenido su decisión de secundar los planes de Dios,
a los que servían los planes de los hombres, y así había alcanzado,
aunque con un total agotamiento, los pies del altar en que había de ser inmolado.

Jesús agota sus facultades físicas y psíquicas
en el cumplimiento de la voluntad del Padre,
hasta llegar a la meta y desplomarse.
Nos enseña que hemos de seguirle con la cruz a cuestas por más
caídas que se produzcan, y hasta entregarnos en las manos del Padre,
vacíos de nosotros mismos y dispuestos a beber el cáliz,
que también nosotros hemos de beber.
Por otra parte, la escena nos invita a recapacitar
sobre el peso y la gravedad de los pecados, que hundieron a Cristo.

Décima Estación
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
Ya en el Calvario y antes de crucificar a Jesús,
le dieron a beber vino mezclado con mirra;
era una piadosa costumbre de los judíos para amortiguar
la sensibilidad del que iba a ser ajusticiado.
Jesús lo probó, como gesto de cortesía, pero no quiso beberlo;
prefería mantener la plena lucidez y conciencia
en los momentos supremos de su sacrificio.
Por otra parte, los soldados despojaron a Jesús,
sin cuidado ni delicadeza alguna, de sus ropas,
incluidas las que estaban pegadas en la carne viva,
y después de la crucifixión, se las repartieron.

Para Jesús fue sin duda muy doloroso ser así,
despojado de sus propios vestidos, y ver a qué manos iban a parar.
Y especialmente para su Madre, allí presente,
hubo de ser en extremo triste verse privada de aquellas prendas,
tal vez labradas por sus manos con maternal solicitud,
y que ella habría guardado como recuerdo del Hijo querido.

Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
‘Vía Crucis Viviente’ en el sector Palo Negro.

Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
‘Vía Crucis Viviente’ en el sector Palo Negro.

Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
‘Vía Crucis Viviente’ en el sector Palo Negro.

Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
‘Vía Crucis Viviente’ en el sector Palo Negro.
Uno de los ladrones que crucificaron al lado de Jesús.

Undécima Estación
JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
«Y lo crucificaron», dicen escuetamente los evangelistas.
Había llegado el momento terrible de la crucifixión,
y Jesús fue fijado en la cruz con cuatro clavos de hierro
que le taladraban las manos y los pies.
Levantaron la cruz en alto y el cuerpo de Cristo quedó entre cielo y tierra,
pendiente de los clavos y apoyado en un saliente que había a mitad del palo vertical.
En la parte superior de este palo, encima de la cabeza de Jesús,
pusieron el título o causa de la condenación:
«Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos».
También crucificaron con él a dos ladrones,
uno a su derecha y el otro a su izquierda.

El suplicio de la cruz, además de ser infame,
propio de esclavos criminales o de insignes facinerosos,
era extremadamente doloroso, como apenas podemos imaginar.
El espectáculo mueve a compasión a cualquiera que lo contemple
y sea capaz de nobles sentimientos.
Pero siempre ha sido difícil entender la locura de la cruz,
necedad para el mundo y salvación para el cristiano.
La liturgia canta la paradoja:
«¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza / con un peso tan dulce en su corteza!».

Duodécima Estación
JESÚS MUERE EN LA CRUZ
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
Desde la crucifixión hasta la muerte transcurrieron tres largas horas,
que fueron de mortal agonía para Jesús, y de altísimas enseñanzas para nosotros.
Desde el principio, muchos de los presentes, incluidas las autoridades religiosas,
se desataron en ultrajes y escarnios contra el Crucificado.
Poco después ocurrió el episodio del buen ladrón, a quien dijo Jesús:
«Hoy estarás conmigo en el paraíso».
San Juan nos refiere otro episodio emocionante por demás:
Viendo Jesús a su Madre junto a la cruz y con ella a Juan,
dice a su Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»;
luego, dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre»;
y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
Después de esto, nos dice el mismo evangelista,
sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed».
Tomó el vinagre que le acercaron, y añadió: «Todo está cumplido».
E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

A los motivos de meditación que nos ofrece
la contemplación de Cristo agonizante en la cruz, lo que hizo y dijo,
se añaden los que nos brinda la presencia de María,
en la que tendrían un eco muy particular los sufrimientos
y la muerte del hijo de sus entrañas.

Decimotercera Estación
JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ
Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
para que los cadáveres no quedaran en la cruz hasta el día siguiente,
que era un sábado muy solemne para los judíos,
éstos rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran;
los soldados solo quebraron las piernas de los otros dos, y a Jesús,
que ya había muerto, uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza.
Después, José de Arimatea y Nicodemo, discípulos de Jesús, obtenido el permiso de Pilato
y ayudados por sus criados o por otros discípulos del Maestro, se acercaron a la cruz,
desclavaron cuidadosa y reverentemente los clavos de las manos y los pies
y con todo miramiento lo descolgaron.
Al pie de la cruz estaba la Madre, que recibió en sus brazos
y puso en su regazo maternal el cuerpo sin vida de su Hijo.

Escena conmovedora, imagen de amor y de dolor,
expresión de la piedad y ternura de una Madre que contempla,
siente y llora las llegas de su Hijo martirizado.
Una lanza había atravesado el costado de Cristo,
y la espada que anunciara Simeón
acabó de atravesar el alma de María.

Decimocuarta Estación
JESÚS ES SEPULTADO

José de Arimatea y Nicodemo
tomaron luego el cuerpo de Jesús de los brazos de María,
y lo envolvieron en una sábana limpia que José había comprado.
Cerca de allí tenía José un sepulcro nuevo que había cavado para sí mismo,
y en él enterraron a Jesús.

Mientras los varones procedían a la sepultura de Cristo,
las santas mujeres que solían acompañarlo, y sin duda su Madre,
estaban sentadas frente al sepulcro y observaban dónde
y cómo quedaba colocado el cuerpo.

Después,
hicieron rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro,
y regresaron todos a Jerusalén.

Con la sepultura de Jesús,
el corazón de su Madre
quedaba sumido en tinieblas de tristeza y soledad.
Pero en medio de esas tinieblas,
brillaba la esperanza cierta de que su Hijo resucitaría,
como Él mismo había dicho.

En todas las situaciones humanas que se asemejen
al paso que ahora contemplamos, la fe en la resurrección
es el consuelo más firme y profundo que podemos tener.
Cristo ha convertido en lugar de mera transición
la muerte y el sepulcro, y cuanto simbolizan.

Decimoquinta Estación
JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS
Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
Pasado el sábado,
María Magdalena y otras piadosas mujeres fueron muy de madrugada al sepulcro.
Llegadas allí observaron que la piedra había sido removida.
Entraron en el sepulcro y no hallaron el cuerpo del Señor,
pero vieron a un ángel que les dijo:
«Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí».
Poco después llegaron Pedro y Juan,
que comprobaron lo que les habían dicho las mujeres.
Pronto comenzaron las apariciones de Jesús resucitado:
la primera, sin duda, a su Madre; luego, a la Magdalena, a Simón Pedro,
a los discípulos de Emaús, al grupo de los apóstoles reunidos, etc.,
y así durante cuarenta días.
Nadie presenció el momento de la resurrección,
pero fueron muchos los que,
siendo testigos presenciales de la muerte y sepultura del Señor,
después lo vieron y trataron resucitado.

En los planes salvíficos de Dios, la pasión y muerte de Jesús
no tenían como meta y destino el sepulcro, sino la resurrección,
en la que definitivamente la vida vence a la muerte,
la gracia al pecado, el amor al odio.

Como enseña San Pablo,
la resurrección de Cristo es nuestra resurrección,
y si hemos resucitado con Cristo hemos de vivir
según la nueva condición de hijos de Dios,
que hemos recibido en el bautismo.

Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro

Señor Jesucristo,
tú nos has concedido acompañarte con María tu Madre,
en los misterios de tu pasión, muerte y sepultura,
para que te acompañemos también en tu resurrección;
concédenos caminar contigo por los nuevos caminos
del amor y de la paz que nos has enseñado.

Foto Vía Crucis - Sector Palo Negro
Migdalia Rojas, O.P.
Grupo Apost. Fraternidad Dominicana “La Sagrada Familia”.

En nombre de la parroquia “Ntra. Sra. de las Mercedes”,
Migdalia Rojas, O.P.; agradece la organización y participación
de los habitantes del sector Palo Negro de Río Chico
en este vía crucis viviente.

 
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