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DE CRISTO
 

La Historia del Rosario

El “Salterio de la Virgen María”, como antiguamente se le llamaba, era la “herramienta” que utilizaban las personas sencillas que no sabían leer o que no tenían libros, para reemplazar el rezo del Salterio, es decir, los 150 Salmos de la Biblia que los religiosos tenían que rezar cada semana. Quienes no podían rezar los 150 Salmos de la Biblia, los reemplazaban por otras 150 oraciones, como por ejemplo: Padrenuestros, Credos, Ave María, etc.

Para poder llevar de una mejor manera, la cuenta de las oraciones que se rezaban, hacían nudos en una cuerda o ensartaban en ella pequeñas pepitas, y allí iban contando. En tumbas muy antiguas se han encontrado estas cuentas o sartas de piedrecitas. Muchos enfermos murieron rezando, y en sus manos dejaron sus familiares aquello con lo cual iban contando las oraciones que enviaban al cielo.

La Virgen del Rosario

El Santo Rosario

El Rosario se compone de 59 pepitas o cuentas repartidas de la siguiente manera: cinco cuentas al principio, desde el crucifijo hasta donde empiezan las decenas, quizás en honor de las llagas de Cristo o de los cinco misterios que se van a meditar. Cinco grupos de 10 cuentas, cada una para contar las 10 Avemarías de cada misterio; y entre una decena y otra, una cuenta para rezar el Padrenuestro que va al principio de cada Misterio.

La devoción del Rosario, tiene más de ochocientos años de vida, en la Iglesia Católica.

Un papel muy importante en su origen se atribuye a Santo Domingo de Guzmán († 1221), quien recomendaba mucho a las personas que repitieran frecuentemente a la Santísima Virgen el “Ave María”, pensando en los Misterios de la Vida, Pasión y Resurrección de nuestro Señor. Él y otros padres dominicos, dedicaron su vida a propagar entre las gentes la costumbre de rezarle a la Santísima Virgen lo que antes se llamaba “Salterio de la Santísima Virgen”, y que desde entonces empezó a llamarse “Rosario de Nuestra Señora”.

La tradición cuenta que en el año 1208, María, la Madre de Dios, enseñó personalmente a Santo Domingo, a través de una visión, cómo rezar el Rosario y le dijo que propagara esta devoción a todas las naciones, y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la fe.

Santo Domingo de Guzmán

La Virgen María y Santo Domingo
Santo Domingo de Guzmán
En busca de las ovejas perdidas

Nació en Caleruega (España), en 1170. Eligió la vocación del sacerdocio y fundó la orden de frailes predicadores o dominicos en 1217. Murió en Bolonia en 1221 y fue canonizado por Gregorio IX en 1234.

En los tiempos del padre Domingo de Guzmán se vivía un importante conflicto de orden religioso: los protagonistas eran un grupo herético llamado “albigenses” (originarios de Albi, al sur de Francia); pretendían difundir una doctrina que afirmaba que existían dos dioses: uno del bien y otro del mal. El dios bueno fue quien creó todo lo espiritual, mientras que el dios malo fue quien creó todo lo material. En consecuencia, para los albigenses todo lo material era malo, incluyendo el cuerpo. Esto significaba que Jesús, al hacerse hombre y tener un cuerpo, no podía ser bueno y por consiguiente no podía ser Dios. Además, los albigenses también negaban los sacramentos, y la verdad de que María es la Madre de Dios; se rehusaban a reconocer al Papa, y establecieron sus propias normas y creencias.

Santo Domingo de Guzmán

Santo Domingo de Guzmán

En esos tiempos (siglo XII), los problemas trataban de solucionarse por medio de la guerra, pues se pretendía obligar a todos a pensar de determinada manera, los cristianos para defender su fe, participaban en ella, eran las batallas conocidas como “cruzadas”.

Santo Domingo evitó asociarse a la cruzada contra los albigenses, prefiriendo la acción pacífica a los horrores de la guerra, por lo que se dio a la tarea de ir a Francia, para convertir a los que se habían apartado de la Iglesia por la herejía albigense. Trabajó por años en medio de estas personas; y por medio de sus predicaciones, oraciones y sacrificios, logró convertir a unos pocos; pero muy a menudo estas personas se retractaban debido al temor de ser ridiculizados, a pasar trabajos forzados o recibir algún tipo de represalia. Domingo dio inicio también a una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas, en un convento que se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen.

Una Bella Tradición

La historia de santo Domingo
y la Virgen María.

Existen relatos interesantes que pertenecen a la tradición de la Iglesia; han pasado de generación en generación, para enseñarnos cómo Dios se vale de diferentes medios para hacer que crezca en los hombres el fervor, y como consecuencia, el deseo de hacer siempre su voluntad.

A cerca del Rosario, se cuenta la siguiente historia:

El Santo Rosario y la Virgen

La Virgen María y Santo Domingo

Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entró en un bosque y pasó en él tres días y tres noches, en continua oración y penitencia.

Un día, se le apareció la Santísima Virgen, acompañada de tres princesas del cielo y le dijo:

“¿Sabes tú, mi querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?”

“-Oh, Señora, respondió él, vos lo sabéis mejor que yo, porque después de vuestro Hijo Jesucristo fuisteis el principal instrumento de nuestra salvación”.

Ella añadió: “Sabes que la pieza principal de la batería fue la salutación angélica, que es el fundamento del Nuevo Testamento. Por tanto si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, reza mi salterio”.

La Virgen reveló: “Solo si la gente considera la vida, muerte y gloria de mi Hijo, unidas a la recitación del Avemaría, los enemigos podrán ser destruidos”.

“Es el medio más poderoso para destruir la herejía, los vicios, motivar a la virtud, implorar la misericordia divina y alcanzar protección. Los fieles obtendrán muchas ganancias y encontrarán en mí, a alguien siempre dispuesta y lista para ayudarles”.

Santo Domingo contaba que veía a la Virgen sosteniendo en su mano un Rosario, y que le enseñó a recitarlo; dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias. El Santo se levantó muy consolado y abrazado de celo por el bien de estos pueblos, entró en la Catedral y en ese momento sonaron las campanas (por intervención de los ángeles), para reunir a los habitantes.

Al principio de la predicación se levantó una espantosa tormenta, la tierra tembló, el sol se nubló y los repetidos truenos y relámpagos hicieron estremecer y palidecer a los oyentes. La tormenta cesó al fin por las oraciones de Santo Domingo. Continúo su discurso y explicó con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que los moradores le abrazaron casi todos, renunciando a sus errores, viéndose en poco tiempo, un gran cambio en la vida y costumbres de la ciudad.

La Virgen María y Santo Domingo

El Santo Rosario

Nombres del Rosario

Al Rosario de María se le llama de muchas maneras y se le compara con muchas cosas. Su estructura externa y la riqueza de su contenido dan pie a lo siguiente:

Es un Río de Rosas formado por las cincuenta Avemaría y las otras oraciones y jaculatorias, que fluye desde los hombres hasta el cielo para pedir la intercesión de la Virgen.

Es un Ramillete de Rosas dedicado a la Virgen: “Venid gentes y coged las rosas de estos misterios” (Liturgia: Himno de la fiesta)

Es también como una Corona de Rosas tejida con flores de la más variada belleza y del más exquisito perfume: -los misterios de la vida de Cristo, las reflexiones y oraciones- que despiertan en nosotros sensaciones de dolor, de gloria o de alegría.

Es asimismo un Salterio, con ciento cincuenta salutaciones a la Virgen.

Es el Breviario de los Fieles, algo así como lo que es para lo clérigos el rezo oficial litúrgico.

Los Papas, a partir de Pío XII, lo llaman Compendio del evangelio, pues recuerda los hechos más destacados de la vida de Jesús y María y, a la vez, nos invitan a vivirlos al poner a nuestra consideración, los misterios que se ocultan tras cada uno de esos hechos que recuerda.

 
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