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Tentaciones en Cuaresma

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Tentaciones en Cuaresma

TENTACIONES EN CUARESMA
¡Sed sobrios y estad en guardia!. Vuestro enemigo el diablo
como león rugiente da vueltas y busca a quién devorar.

I Pedro 5, 8.

Jesús fue tentado en el desierto. Y la Cuaresma es un tiempo de desierto. De acuerdo con el Catecismo, durante “Todos los años, en los cuarenta días de la Gran Cuaresma, la Iglesia se une al misterio de Jesús en el desierto” (item 540). Por tanto, tiene sentido que también pudiésemos sentir más tentaciones en este momento.

Pero Dios no permite cualquier cosa, a no ser que pueda ser usada para el bien; Él puede incluso usar la tentación y los ataques del diablo para nuestra conversión, transformación y santidad.

Algunas tácticas con las cuales el
demonio podría atacarte en Cuaresma

Tentaciones en Cuaresma

1) La tentación de la distracción.

La Cuaresma puede ser un tiempo de grandes realizaciones espirituales y humanas. Ante esto, el diablo quiere desanimarnos y hacernos desistir. Lo único que la Cuaresma tiene que ser es sobre Dios, no sobre nuestras propias actividades, por muy bienintencionadas que sean.

Es mejor pedir a Dios que nos ayude a concentrarnos en algo fundamental durante la Cuaresma, y después, a pesar de nuestros fallos, pedirle la gracia de perseverar.

2) La tentación de juzgar

“Fue el orgullo lo que transformó a los ángeles en demonios,
pero es la humildad lo que hace a los hombres ángeles”.
San Agustín

Si somos naturalmente más disciplinados o tenemos más fuerza de voluntad que los que nos rodean, en Cuaresma surge la tentación de compararnos favorablemente en relación a los demás. Esto es exactamente lo que el diablo quiere. Él quiere que pensemos que somos mejores que los demás y, así, crecer en orgullo, que es precisamente de lo que debemos arrepentirnos durante la Cuaresma.

Tentaciones en Cuaresma

Si tenemos esa tendencia, o experimentamos eso en esta Cuaresma, el mejor antídoto es escoger una penitencia que sea absolutamente imposible de alcanzar a la perfección y que desafíe nuestra tendencia al orgullo. Esto nos ayuda a darnos cuenta de que la Cuaresma no es ser perfecto, ser juzgador. Se trata de darnos cuenta de que, incluso con los dones naturales que Dios nos dio, aún somos pecadores y necesitamos de su gracia.

Tentaciones en Cuaresma

3) La tentación de la auto perfección

En las penitencias de Cuaresma, podemos querer perder peso o abandonar un mal hábito que se convirtió en un problema en nuestras vidas, en vez de querer acercarse a Dios. Y al diablo le encantaría que la Cuaresma nos tuviera a nosotros en el centro. Pero la Cuaresma no es eso.

En Cuaresma se llega a la difícil elección entre los clavos y las espinas del amor… Pero, en seguida, negamos a Jesús por unas monedas de plata, de consuelo, de egoísmo, amor propio. Y en ese momento, nos echamos de rodillas y levantamos los brazos al cielo para decir: ‘¡Señor, no puedo hacerlo por mí mismo! ¡Señor, ayúdame! ¡Tengo tan poco amor!’.

Nosotros generalmente somos buenos en amarnos a nosotros mismos y malos en amar al prójimo. Por eso es importante elegir penitencias que nos ayuden a crecer en el amor altruista.

4) La tentación de la división

“La división viene del demonio.
¡Huyan de las luchas internas, por favor!”.
Papa Francisco

La división es uno de los instrumentos favoritos del diablo en su caja de herramientas. Le gusta provocar rivalidades, confusión, envidia, rabia y paranoia. El diablo quiere que miremos a otros cristianos y descubramos a un enemigo, en vez de reconocer que el único verdadero enemigo entre nosotros es él (y nosotros mismos cuando le dejamos actuar).

Tentaciones en Cuaresma

Entonces, está claro, durante la Cuaresma el diablo puede intentar incitar a la división entre los cristianos en nuestras casas, en nuestras parroquias e incluso on line. Si lees material online, una buena pregunta durante la Cuaresma (y realmente en cualquier momento) sería: “¿Este material me ayuda a amar más a mis hermanos cristianos, o me lleva a la división?”.

El exjuez de la Corte Suprema de Estados Unidos y fiel católico Antonin Scalia, dijo una vez: “Yo ataco ideas. No ataco a personas”. Este es un signo de carácter. Y es una distinción que cada vez se pierde más en nuestra sociedad. Si lo que estás leyendo o escribiendo on line se concentra en atacar a las personas en vez de trabajar por la unidad en el amor cristiano, puedes ser el instrumento del diablo para mantenerte apartado del crecimiento en la vida espiritual.

Tentaciones en Cuaresma

5) La tentación del desánimo

“Las tentaciones contra la fe y la pureza
son mercancías que el enemigo ofrece”.
Padre Pío

Al diablo le gusta sólo hacernos tan miserables como él. Y él sabe que cuando estamos desanimados y susceptibles colaboramos menos con la gracia de Dios. Así, durante la Cuaresma, el diablo nos puede tentar a sentir la voluntad de desistir de vivir el espíritu penitencial. Puede hacernos sentir que estamos fallando constantemente y que no somos bastante buenos para esto. La cosa es: nadie es “bueno” en Cuaresma. Si piensas que lo eres, es que no has elegido las penitencias adecuadas.

Así, cuando nos sentimos desanimados, es una oportunidad para agradecer a Dios con alabanza de alegría por salvarnos de nuestra mediocridad y del pecado. No tiene sentido desanimarnos si realmente creemos en el mensaje del Evangelio. Incluso en Cuaresma, sabemos que Jesús murió, sí, pero resucitó, y la alegría y la gracia ya están disponibles para transformarnos. ¡Y da gracias a Dios por eso!

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Tentaciones en Cuaresma

LA TENTACIÓN

En todos los ciclos litúrgicos, los domingos del Tiempo de Cuaresma se abren con en el relato de las tentaciones de Jesús, cuando el Espíritu lo condujo al desierto, según el texto evangélico, “para ser tentado”.

La imagen de Jesús en el desierto durante cuarenta días es significativa no sólo por la duración concreta de la cuarentena, sino porque indica la extensión de la prueba durante todo el curso de la historia. San Pedro nos advierte: “Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle, firmes en la fe” (1Pe 5, 8).

El Maestro nos enseña a pedir: “No nos dejes caer en la tentación”, que es distinto a no tenerla o sufrirla. La prueba siempre es buena para consolidar la determinación de seguir a Jesús y para objetivar la pertenencia creyente. Dicen que una amistad se acrisola por las crisis que se superan. La tentación es un tiempo del Espíritu, un tiempo precioso que debes interpretar como prueba de crecimiento. Un tiempo único que te da ocasión de ofrenda. Una concreción histórica de la salvación en tu vida. Es la hora de abrirte a la gracia y de acoger cada día su acompañamiento. No te ofendas si te digo que llegarás a agradecer la crisis.

La tentación no queda fuera del amor providente; es privilegio de los que son llevados al desierto por el Espíritu. Es tiempo de comunión y de apertura, de abrirte al universo, de relativizar la circunstancia que corres el peligro de convertir en ídolo; es tiempo de llamada y de escucha sensible. Su paso deja conocimiento y sabiduría.

Ya desde los primeros textos bíblicos se nos enseña el riesgo de dar paso a la insinuación tentadora. Eva entró en conversación con el Tentador, se puso a considerar sus argumentos aviesos, que la incitaron a mirar y a observar el fruto prohibido, ante el que comenzó a sentir gusto, que le abrió el deseo, le movió la voluntad y comió. Tengo por seguro que si no deseas hacer algo, es mejor que no lo pienses, o que bloquees el pensamiento adverso.

Jesús nos demuestra que no es irremediable la caída, y san Pablo nos asegura que no seremos probados más allá de nuestras fuerzas. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea de medida humana. Dios es fiel, y él no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que con la tentación hará que encontréis también el modo de poder soportarla” (1Co 10, 12).

Un don del Espíritu Santo es el Temor de Dios, que significa pedirle al Abogado Defensor que nos libre de ser pretenciosos y temerarios, que nos defienda de nosotros mismos, y que nos haga avanzar por el camino de los mandatos del Señor sabiéndonos frágiles, débiles, necesitados de su fuerza para combatir las insinuaciones del maligno.

Tentaciones en Cuaresma

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¿Cómo vencer las
tentaciones en Cuaresma?

Escrito por: P. Rogelio C. Alcántara

La Cuaresma para el cristiano es de algún modo estar con Cristo en el desierto y enfrentar con Él las tentaciones del enemigo. Quien se atrevió a tentar al mismo Hijo de Dios para desviarlo de su misión, no “se tocará el corazón” para hacernos caer en el pecado (del placer, del tener y del poder).

Para vencer sus embestidas hay que estar muy vigilantes (de aquí la palabra vigilia) y bien entrenados. El Evangelio de Mateo nos habla de entrenarnos en la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-6.16-18), y la Iglesia, desde antiguo, nos propone tres tipos de ejercicios de Piedad (oración), Penitencia (ayuno) y Caridad (limosna), que nos mantendrán “en forma” y que podemos (y debemos) practicar con más energía durante la Cuaresma. De su ejercicio depende que Cristo venza en ti, que su fuerza arrolladora actúe con eficacia en tu vida. La medida e intensidad del ejercicio dependerá de tu estado de vida, edad y salud actual; pero también, y sobre todo, de tu generosidad.

No pienses que la Cuaresma se reduce al ayuno del Miércoles de Ceniza y a la abstinencia de carne los viernes, o que basta con que dejes de comer algo que te gusta; no, la gama de ejercicios que puedes practicar es mucho más amplia y va en tres direcciones: con respecto a Dios (ejercicios de piedad), en relación a ti mismo (ejercicios de penitencia) y en relación a los demás (ejercicios de caridad). Me gustaría desarrollar detalladamente cada uno de estos puntos, pero por ahora quisiera que los conocieras y te los presento casi a modo de lista, para que profundices en ellos y saques propósitos concretos que manifiesten tus auténticos deseos de conversión.

Ejercicios de Piedad

La piedad es la virtud de ser buen hijo con su padre. Con respecto a Dios se refiere a todas las cosas que hacemos para relacionarnos con Él como buenos hijos, y abarca: a) la oración, b) la formación y c) la recepción de los sacramentos. Ya sabemos que hay oración mental y vocal. La mental (también llamada meditación) es el diálogo íntimo con Dios, en el que tratamos de comprender “el por qué y el cómo de la vida cristiana para adherirnos y responder a lo que el Señor nos pide” (CEC 2705); lo cual se puede hacer en la Lectio divina o en la lectura reflexiva de un texto “sagrado” (o espiritual). La oración vocal es cuando, “por medio de palabras mentales o vocales, nuestra oración toma cuerpo” (CEC 2700); por ejemplo, en el rezo de la Liturgia de las horas, el Rosario, la Coronilla de la Misericordia, el Viacrucis y la adoración al Santísimo, en la que pedimos, alabamos, agradecemos y glorificamos. b) La formación, puede ser personal o grupal. Lectura espiritual del Catecismo, del Magisterio, de la vida y escritos de los santos, etc., los retiros, los círculos de reflexión, los ejercicios espirituales… c) La recepción de los sacramentos, cuya gracia nos santifica, y que recibidos con la mejor disposición posible de nuestra parte, constituyen actos de piedad por excelencia (Ej. La Confesión, Santa Misa – Comunión).

Ejercicios de Penitencia

Aquí entran todos los ejercicios que hacemos para dominar nuestros sentidos externos (vista, oído, gusto, tacto, olfato) e internos (memoria, imaginación).

Hoy, más que antes, se requiere una decisión determinante para dominarse ante los medios de comunicación visual; batalla decisiva si queremos vencer con Cristo.

Se añade a esto la cantidad de ruidos y voces externas a las que es preciso renunciar para poder elevar el espíritu a las realidades sobrenaturales.

Hay que trabajar muy duro en los gustos del paladar, para lo que nos ayudará el ayuno y la abstinencia, cuidando no caer en la materialidad superficial de quien se priva de algún gusto en este tiempo, pero no por motivos religiosos, sino de conveniencia y vanidad. El dominio de mi lengua (de mis palabras) puede ser una buena penitencia, sabiendo además que es un excelente acto de caridad.

En fin, cada uno tendría que ser creativo para hacer muchas y continuas penitencias, pero pasando desapercibido, como quien no hace nada. La auténtica virtud siempre pasa como algo natural, como algo que “se nos da”.

Ejercicios de Caridad

Se pueden resumir en las obras de misericordia, las siete corporales:

  1. dar de comer al hambriento,
  2. dar de beber al sediento,
  3. vestir al desnudo,
  4. visitar al enfermo,
  5. redimir al cautivo,
  6. dar posada al peregrino,
  7. enterrar a los muertos;

y las siete espirituales:

  1. enseñar al que no sabe,
  2. dar buen consejo al que lo necesita,
  3. corregir al que se equivoca,
  4. perdonar al que me ofende,
  5. consolar al triste,
  6. soportar con paciencia los defectos del prójimo,
  7. orar por vivos y difuntos.

En otras palabras compartir lo que tengo y lo que soy.

Cuánto bien nos haría meditar en cada una de estas obras de misericordia y concretar para practicarlas en serio.

La Cuaresma es una magnífica oportunidad para manifestarle a Cristo nuestra adhesión y amor. Acompañemos a Jesús, en estos momentos en los que es llevado por el Espíritu al desierto para prepararse a redimirnos; estemos con Él, oremos con Él al Padre, suframos las tentaciones con Él y con Él venzamos al demonio. Así, tendrá más sentido mi Cuaresma, Él “será más en mí”, caminaré hacia aquello de san Pablo: “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”; de modo que pueda celebrar, al final de la Cuaresma, la mejor Pascua de mi vida.

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Tentaciones | Papa Benedicto XVI

Tentaciones | Papa Francisco

 
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