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La Estrella de Belén

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La Estrella de Belén

LA ESTRELLA DE BELÉN
Las estrellas en el espacio interestelar nacen, crecen y mueren,
pero Cristo es la estrella sin ocaso, que no se extingue jamás.

Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios de Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas, y preguntaron:

– ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrellad en el Oriente y hemos venido a adorarle.

Mateo 1,1-2

La Estrella de Belén

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¿Cómo nacen las estrellas?

Una estrella nace en el interior de una nebulosa (una nube de gas y polvo cósmico). Las regiones más densas poseen mayor gravedad y comienzan a succionar de las zonas menos densas. Conforme transcurre el tiempo, la región densa se vuelve más densa y la rapidez con la que atrae más de las partes inferiores se hace mayor.

Una vez que todo el material cósmico de la nube fue succionado, se forma una esfera muy densa y grande; el tamaño depende de la cantidad de materia que en un inicio formaba la nube y la mayor parte es hidrógeno. La masa genera un campo de gravedad intenso, que depende de la densidad de su masa, que comienza a empujar hacia adentro, lo que hace que los átomos de hidrogeno colisionen con tanta intensidad que en cada colisión hay un rebote; la gravedad continúa comprimiendo toda la masa a mayor velocidad, tanto que los átomos de hidrogeno ya no rebotan sino que se funden formando átomos de helio, el cual también se funde formado deuterio. En cada fusión se van formando elementos más estables como el hierro, oxigeno, carbono, entre otros. La fusión del hidrogeno libera energía cuya explosión es más poderosa que la fisión del uranio y plutonio.

Fecha del nacimiento de Cristo

Después del año cero, en el siglo IV, Constantino, emperador de Roma, decretó el día 25 de diciembre como fecha de celebración del nacimiento de Cristo y la celebración de la Navidad, quien dio por buena la noticia de San Clemente de Alejandría, de que Jesús había nacido el año 28 del reinado del emperador Cesar Augusto.

Los romanos solían celebrar las llamadas fiestas saturnales, en las cuales, se hacían regalos, se arreglaban las calles y las casas, y se propiciaba un intercambio de regalos entre familias, de allí la costumbre cristianizada de hacernos regalos en estas fechas.

En los evangelios no se nos indican fechas exactas del nacimiento de Cristo. Quizás por la fecha en que se escribieron los mismos, como el evangelio de Mateo, podemos deducir que en tiempos del rey Herodes el Grande, los reyes magos acudieron a Jerusalén para conocer el lugar del nacimiento del Mesías guiados por una estrella (siglos IV o I a/c).

La Estrella de Belén

¿Qué fue el acontecimiento de
la llamada “Estrella de Belén”?

Existen algunas posibilidades científicas que pudieran explicar este acontecimiento:

  1. Un cometa que pasa cada 76 años muy cerca de la tierra, (Cometa Halley).
  2. La muerte de una estrella (una supernova o una nova).
  3. Una conjunción planetaria especialmente brillante, aparecida entre los años 7 y 2 antes de Cristo.

La conjunción de los planetas Marte, Júpiter y Saturno, sumado a ello, el eclipse de Júpiter por una de sus lunas. Ésta sería, tal vez, la teoría científica más cercana que puede explicar una estrella, como la que aparece en el acontecimiento del nacimiento de Cristo.

El mensaje

El profeta Isaías nos recuerda lo siguiente: “El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos” (Is 9,1-2). Sobre este punto, reconocemos que Cristo es esa luz maravillosa que ilumina el mundo.

La Estrella de Belén

Los magos y el rey Herodes

Según nos relatan los evangelios, especialmente el de Mateo, Jesús nació en Belén de Judá, y unos magos llegaron de Oriente a la presencia del rey Herodes (estos magos son una imagen de los pueblos paganos a los cuales la ‘Buena Noticia’ también se ha de anunciar), pues venían a adorar al “Rey de los judíos”. Estos tres hombres manifiestan a Herodes, “vimos su estrella y hemos venido a adorarle”, e inmediatamente el rey Herodes se sobresaltó al igual que todo Jerusalén; no se alegran sino que se sobresaltan, pues bien sabia este rey que aquella profecía significaba el fin de su reinado; la ambición por el poder se dejó notar en esta actitud.

Inmediatamente convocó a los sumos sacerdotes y escribas (expertos en el conocimiento e interpretación de las profecías), para corroborar tal hecho e identificar el lugar exacto del nacimiento del Mesías. En efecto, lo confirmó, pero no fue a adorarle pues les indica a los magos: ¡vayan y averigüen para que yo también vaya a adorarlo! Hay gente como este rey, y sus sacerdotes y escribas, que conocen de Jesús, pero no van a adorarlo.

Los magos se pusieron en camino y la estrella iba delante de ellos; como cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, la presencia de Dios en forma de nube durante el día y como columna de fuego durante la noche, y se detuvo en donde estaba el niño.

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Los Reyes Magos se llenaron de inmensa alegría

Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Este es un síntoma maravilloso del encuentro con Cristo, un fruto del Espíritu Santo, esa inmensa alegría la encontramos en el anuncio de los ángeles en Lucas, en las parábolas del tesoro escondido y de la Dracma perdida en Lucas.

Entraron en la casa, para acercarse al misterio de Cristo hay que entrar en la casa. Es curioso que en la iglesia de Belén en Jerusalén, haya una pequeña puerta que no mide más de un metro y medio, quien desee pasarla para entrar a ver el lugar del nacimiento de Cristo deberá agacharse, pues sólo quien se humilla y se inclina ante el misterio de Cristo puede pasar.

Los magos vieron al niño con María, su madre; una imagen tan bella y maternal no pudo ser mejor descrita en los evangelios. María está junto a Jesús desde su nacimiento, y no lo dejará hasta la muerte en la cruz. María es parte del resplandor de Cristo, ella es madre pero también es discípula.

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Los Reyes Magos postrándose le adoraron

Los magos descubren el misterio maravilloso de un rey, no rodeado de lujos ni poderes mundanos, sino un Rey humilde y humano, tremendamente indefenso en los brazos de su madre, y salvaguardado por su padre José.

Se postraron y le adoraron. Reconocen que Dios se ha hecho hombre, y por ende, se postran y adoran. Abren sus cofres y le ofrecen sus dones: oro como a rey, incienso como a Dios y mirra como hombre mortal.

En este tiempo maravilloso de Navidad, es importante leer los acontecimientos a nuestro alrededor, hay muchas estrellas falsas y muchos acontecimientos que causan miedo y temor, pero Jesús es la estrella sin ocaso, es la estrella de la mañana, una prefiguración de Cristo que, al igual que a Joel, nos habla del sol y la luna, ante las cuales, las estrellas pierden su resplandor. Podemos decir que Cristo no es sólo una estrella prefigurada, sino el mismo sol; como nos lo relata el ‘Cántico de Zacarías’, “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto” (Lucas 1,79).

Las estrellas en el espacio interestelar nacen, crecen y mueren inevitablemente, pero Cristo es la estrella sin ocaso que no se extingue jamás, pero para entrar en su presencia hay que postrarse y adorarlo.

Jesús está en las manos de su madre María; tal vez no tengas oro, incienso y mirra que ofrecerle, pero puedes ofrecerle algo mejor, tu corazón.

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(Fuente: - Internet, La Estrella de Belén, www.es.catholic.net, 14/12/2014)

 
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