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Virgen de
La Medalla Milagrosa

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Virgen de la Medalla Milagrosa

VIRGEN DE
LA MEDALLA MILAGROSA

Tomado del Portal Web “corazones.org”
http://corazones.org

El mensaje principal de estas apariciones ocurridas el 18 de julio y el 27 de noviembre del año 1830, fue presentar al mundo una medalla en que la Virgen aparece como “Inmaculada, Reina, Corredentora y Medianera de las gracias”.

La Santísima Virgen en persona, presentó a Sor Catalina el modelo de esta medalla:

“Haz acuñar una medalla conforme a este modelo. Las personas que la llevan con confianza recibirán abundantes gracias”.

Contemplemos la ‘Medalla Milagrosa’, y descubramos en sus dos caras, el mensaje esencial del misterio de la salvación.

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Virgen de la Medalla Milagrosa

Las apariciones

El 1830 es un año clave: tiene lugar en París la primera aparición moderna de la Virgen Santísima. Comienza lo que Pío XII llamó la “era de María”, una etapa de repetidas visitaciones celestiales. Entre otras: La Salette, Lourdes, Fátima… Y como en su visita a Santa Isabel, siempre viene para traernos gracia, para acercarnos a Jesús, el fruto bendito de su vientre. También para recordarnos el camino de salvación y advertirnos las consecuencias de optar por otros caminos.

Santa Catalina Labouré

Santa Catalina Labouré

Catalina Labouré nació el 2 de mayo de 1806, en Fain-les-Moutiers, Borgoña (Francia). Entró a la vida religiosa con la Hijas de la Caridad el 22 de enero de 1830 y después de tres meses de postulantado, el 21 de abril, fue trasladada al noviciado de París, en la Rue du Bac, 140.

El Corazón de San Vicente

La novicia estaba presente cuando trasladaron los restos de su fundador, San Vicente de Paul, a la nueva iglesia de los Padres Paules a sólo unas cuadras de su noviciado. El brazo derecho del santo fue a la capilla del noviciado.

En esta capilla, durante la novena, Catalina vio el corazón de San Vicente en varios colores. De color blanco, significando la unión que debía existir entre las congregaciones fundadas por San Vicente. De color rojo, significando el fervor y la propagación que habían de tener dichas congregaciones. De color rojo oscuro, significando la tristeza por el sufrimiento que ella padecería.

Santa Catalina Labouré oyó interiormente una voz: “el corazón de San Vicente está profundamente afligido por los males que van a venir sobre Francia”. La misma voz añadió un poco más tarde: “El corazón de San Vicente está más consolado por haber obtenido de Dios, a través de la intercesión de la Santísima Virgen María, el que ninguna de las dos congregaciones perezca en medio de estas desgracias, sino que Dios hará uso de ellas para reanimar la fe”.

Visiones del Señor en la Eucaristía

Durante los 9 meses de su noviciado en la Rue du Bac, Sor Catalina tuvo también la gracia especial de ver todos los días al Señor en el Santísimo Sacramento.

El domingo de la Santísima Trinidad, 6 de junio de 1830, el Señor se mostró durante el evangelio de la Misa como un Rey, con una cruz en el pecho. De pronto, los ornamentos reales de Jesús cayeron por tierra, lo mismo que la cruz, como unos residuos inservibles. “Inmediatamente -escribió Sor Catalina- tuve las ideas más negras y terribles: que el Rey de la tierra estaba perdido y sería despojado de sus vestiduras reales. Sí, se acercaban cosa malas”.

Santa Catalina Labouré

Catalina sueña con ver a la Virgen

El domingo 18 de julio 1930, víspera de la fiesta de San Vicente de Paúl, la maestra de novicias les había hablado sobre la devoción a los santos, y en particular a la Reina de todos ellos, María Santísima. Sus palabras, impregnadas de fe y de una ardiente piedad, avivaron en el corazón de Sor Laboure el deseo de ver y de contemplar el rostro de la Santísima Virgen. Como era víspera de San Vicente, les habían distribuido a cada una un pedacito de lienzo de un roquete del santo. Catalina se lo tragó y se durmió pensando que San Vicente, junto con su ángel de la guarda, le obtendrían esa misma noche la gracia de ver a la Virgen como era su deseo. Precisamente, los anteriores favores recibidos en las diversas apariciones de San Vicente a Sor Catalina alimentaban en su corazón una confianza sin límites hacia su bienaventurado padre, y su candor y viva esperanza no la engañaron. “La confianza consigue todo cuanto espera” (San Juan de la Cruz).

Ángel

El ángel despierta a
Santa Catalina Labouré

Todo era silencio en la sala donde dormía Sor Catalina, y cerca de las 11:30 p.m. oyó que por tres veces la llamaban por su nombre. Se despertó y apartando un poco las cortinas de su cama miro del lado que venía la voz, y vio entonces un niño vestido de blanco, que parecía tener como cuatro o cinco años, y el cual le dijo: “Levántate pronto y ven a la capilla; la Santísima Virgen te espera”.

Sor Catalina vacila; teme ser notada de las otras novicias; pero el niño responde a su preocupación interior y le dice: “No temas; son las 11:30 p.m.; todas duermen muy bien. Ven yo te aguardo”.

Ella no se detiene ya ni un momento; se viste con presteza y se pone a disposición de su misterioso guía, “que permanecía en pie sin separarse de la columna de su lecho”.

Vestida Sor Catalina, el niño comienza a andar, y ella lo sigue caminando a “su lado izquierdo”. Por donde ellos pasaban, las luces se encendían. El cuerpo del niño irradiaba vivos resplandores y a su paso todo quedaba iluminado.

Al llegar a la puerta de la capilla la encuentra cerrada; pero el niño toca la puerta con su dedito y aquella se abrió al instante.

Dice Catalina: “Mi sorpresa fue más completa cuando, al entrar a la capilla, vi encendidas todas las velas y los cirios, lo que me recordaba la Misa de media noche”. (Todavía ella no ve a la Virgen).

El niño la llevó al presbiterio, junto al sillón destinado al padre director, donde solía predicar a las “Hijas de la Caridad”, y allí se puso de rodillas, y el niño permaneció de pie todo el tiempo al lado derecho.

La espera le pareció muy larga, debido a que, con ansia, deseaba ver a la Virgen. Miraba ella con cierta inquietud hacia la tribuna derecha, por si las hermanas de vela, que solían detenerse para hacer un acto de adoración, la veían.

Santa Catalina Labouré

Por fin llegó la hora deseada, y el niño le dijo: “Ved aquí a la Virgen, vedla aquí”.

Sor Catalina oyó como un rumor, como el roce de un traje de seda, que partía del lado de la tribuna, junto al cuadro de San José. Vio que una señora de extremada belleza, atravesaba majestuosamente el presbiterio, “fue a sentarse en un sillón sobre las gradas del Altar Mayor, al lado del evangelio”.

Sor Catalina en el fondo de su corazón dudaba si verdaderamente estaba o no en presencia de la Reina de los Cielos, pero el niño le dijo: “Mira a la Virgen”.

Le era casi imposible describir lo que experimentaba en aquel instante, lo que pasó dentro de ella, y le parecía que no veía a la Santísima Virgen.

Entonces el niño le habló, no como niño, sino como el hombre más enérgico y palabras muy fuertes: -“¿Por ventura no puede la Reina de los Cielos aparecerse a una pobre criatura mortal en la forma que más le agrade?”

Entonces, mirando a la Virgen, me puse en un instante a su lado, me arrodille en el presbiterio, con las manos apoyadas en las rodillas de la Santísima Virgen. “Allí pasé los momentos más dulces de mi vida; me sería imposible decir lo que sentí”.

“Ella me dijo cómo debía portarme con mi director, la manera de comportarme en las penas y acudir (mostrándome con la mano izquierda) a arrojarme al pie del altar y desahogar allí mi corazón, pues allí recibiría todos los consuelos de que tuviera necesidad. Entonces le pregunté ¿qué significaban las cosa que yo había visto? Y ella me lo explicó todo”.

Instrucciones de la Santísima Virgen

Fueron muchas las confidencias que Sor Catalina recibió de los labios de María Santísima, pero jamás podremos conocerlas todas, porque respecto a algunas de ellas, le fue impuesto el más absoluto secreto.

La Virgen le dio algunos consejos para su particular provecho espiritual: (La Virgen es Madre y Maestra).

  1. Como debía comportarse con su director (humildad profunda y obediencia). Esto a pesar de que su confesor, el padre Juan María Aladel, no creyó sus visiones y le dijo que las olvidara.
  2. La manera de comportarse en las penas, (paciencia, mansedumbre, gozo).
  3. Acudir siempre (mostrándole con la mano izquierda) a arrojarse al pie del altar y desahogar su corazón, pues allí recibiría todos los consuelos de que tuviese necesidad. (Corazón indiviso, no consuelos humanos).

Santa Catalina Labouré

La Virgen también le explicó el significado de todas las apariciones y revelaciones, que había tenido de San Vicente y del Señor.

Luego continuó diciéndole la Virgen María:

Dios quiere confiarte una misión; te costará trabajo, pero lo vencerás pensando que lo haces para la gloria de Dios. Tú conocerás cuan bueno es Dios. Tendrás que sufrir hasta que lo digas a tu director. No te faltarán contradicciones; mas te asistirá la gracia; no temas. Háblale a tu director con confianza y sencillez; ten confianza no temas. Verás ciertas cosas; díselas. Recibirás inspiraciones en la oración.

Los tiempos son muy calamitosos. Han de llover desgracias sobre Francia. El trono será derribado. El mundo entero se verá afligido por calamidades de todas clases (al decir esto la Virgen estaba muy triste). Venid a los pies de este altar, donde se prodigarán gracias a todos los que las pidan con fervor; a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres.

Deseo derramar gracias sobre tu comunidad; lo deseo ardientemente. Me causa dolor el que haya grandes abusos en la observancia, el que no se cumplan las reglas, el que haya tanta relajación en ambas comunidades a pesar de que hay almas grandes en ellas. Díselo al que está encargado de ti, aunque no sea el superior. Pronto será puesto al frente de la comunidad. Él deberá hacer cuanto pueda para restablecer el vigor de la regla. Cuando esto suceda otra comunidad se unirá a la de ustedes.

Vendrá un momento en que el peligro será grande; se creerá todo perdido; entonces yo estaré contigo, ten confianza. Reconocerás mi visita, y la protección de Dios y de San Vicente sobre las dos comunidades.

Mas no será lo mismo en otras comunidades, en ellas habrá víctimas. (Lágrimas en los ojos). El clero de París tendrá muchas víctimas. Morirá el señor arzobispo.

Hija mía, será despreciada la cruz, y el Corazón de mi Hijo será otra vez traspasado; correrá la sangra por las calles (la Virgen no podía hablar del dolor, las palabras se anudaban en su garganta; semblante pálido). El mundo entero se entristecerá. Ella piensa: ¿cuándo ocurrirá esto? y una voz interior asegura: cuarenta años y diez, y después la paz.

La Virgen, después de estar con ella unas dos horas, desaparece de la vista de Sor Catalina como una sombra que se desvanece.

Virgen de la Medalla Milagrosa

En esta aparición la Virgen María:

  • Le comunica una misión que Dios le quiere confiar.
  • La prepara con sabios consejos para que hable con sumisión y confianza a su director.
  • Le anuncia futuros eventos para afianzar la fe de aquellos que pudieran dudar de la aparición.
  • Le regala una relación familiar de madre-hija: la ve, se acerca a ella, hablan con familiaridad y sencillez.
  • La toca y la Virgen no sólo consiente, sino que se sienta, para que Catalina pueda aproximarse hasta el extremo de apoyar sus brazos y manos en las rodillas de la “Reina del Cielo”.

Todas las profecías se cumplieron:

  1. La misión de Dios pronto le fue indicada con la revelación de la medalla milagrosa.
  2. Una semana después de esta aparición, estallaba la revolución. Los revoltosos ocupaban las calles de París, saqueos, asesinatos, y finalmente era destronado Carlos X, sustituido por el “rey ciudadano” Luís Felipe I, gran maestro de la masonería.
  3. El padre Aladel (director) es nombrado en 1846 Director de las Hijas de la Caridad, establece la observancia de la regla, y hacia la década del 60 otra comunidad femenina se une a las Hijas de la Caridad.
  4. En 1870 (a los 40 años), llegó el momento del gran peligro, con los horrores de la ‘Comuna’ y el fusilamiento del arzobispo Mons. Darboy, y otros muchos sacerdotes.
  5. Sólo queda por cumplir la última parte.

Virgen de la Medalla Milagrosa

Aparición del 27 de noviembre del 1830

La tarde el 27 de noviembre de 1830, sábado víspera del primer domingo de adviento, en la capilla, estaba Sor Catalina haciendo su meditación, cuando le pareció oír el roce de un traje de seda que le hace recordar la aparición anterior.

Aparece la Virgen Santísima, vestida de blanco con mangas largas y túnica cerrada hasta el cuello. Cubría su cabeza un velo blanco, que sin ocultar su figura, caía por ambos lados hasta los pies. Cuando quiso describir su rostro sólo acertó a decir que era la Virgen María en su mayor belleza.

Sus pies posaban sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, y aplastaban una serpiente verde con pintas amarillas. Sus manos elevadas a la altura del corazón sostenían otro globo pequeño de oro, coronado por una crucecita.

La Santísima Virgen mantenía una actitud suplicante, como ofreciendo el globo. A veces miraba al cielo y a veces a la tierra. De pronto sus dedos se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas, que brillaban y derramaban su luz en todas direcciones, circundándola en este momento de tal claridad, que no era posible verla.

Tenía tres anillos en cada dedo; el más grueso junto a la mano; uno de tamaño mediano en el medio, y no más pequeño, en la extremidad. De las piedras preciosas de los anillos salían los rayos, que se alargaban hacia abajo; llenaban toda la parte baja.

Mientras Sor Catalina contemplaba a la Virgen, ella la miró y dijo a su corazón: “Este globo que ves (a los pies de la Virgen) representa al mundo entero, especialmente Francia y a cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden”.

Con estas palabras la Virgen se da a conocer como la mediadora de las gracias que nos vienen de Jesucristo.

El globo de oro (la riqueza de gracias) se desvaneció de entre las manos de la Virgen. Sus brazos se extendieron abiertos, mientras los rayos de luz seguían cayendo sobre el globo blanco de sus pies.

Virgen de la Medalla Milagrosa

La Medalla Milagrosa

En este momento se apareció una forma ovalada en torno a la Virgen, y en el borde interior apareció escrita la siguiente invocación: “María sin pecado concebida, ruega por nosotros, que acudimos a ti”.

Estas palabras formaban un semicírculo que comenzaba a la altura de la mano derecha, pasaba por encima de la cabeza de la Santísima Virgen, terminando a la altura de la mano izquierda.

Oyó de nuevo la voz en su interior: “Haz que se acuñe una medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán más abundantes para los que la lleven con confianza”.

La aparición, entonces, dio media vuelta y quedó formado en el mismo lugar el reverso de la medalla.

En él aparecía una M, sobre la cual había una cruz descansando sobre una barra, la cual atravesaba la letra hasta un tercio de su altura, y debajo los corazones de Jesús y de María, de los cuales el primero estaba circundado de una corona de espinas, y el segundo traspasado por una espada. En torno había doce estrellas.

La misma aparición se repitió, con las mismas circunstancias, hacia el fin de diciembre de 1830 y a principios de enero de 1831. La Virgen dijo a Catalina: “En adelante, ya no veras, hija mía; pero oirás mi voz en la oración”.

Un día que Sor Catalina estaba inquieta por no saber que inscripción poner en el reverso de la medalla, durante la oración, la Virgen le dijo: “La M y los dos corazones son bastante elocuentes”.

Símbolos de la Medalla
y mensaje espiritual

Anverso de La Medalla

  • María aplastando la cabeza de la serpiente que está sobre el mundo: Ella, la Inmaculada, tiene todo poder en virtud de su gracia para triunfar sobre Satanás.
  • El color de su vestuario y las doce estrellas sobre su cabeza: La mujer del Apocalipsis, vestida del sol.
  • Sus manos extendidas: Transmitiendo rayos de gracia, señal de su misión de madre y mediadora de las gracias, que derrama sobre el mundo y a quienes pidan.
  • Jaculatoria: Dogma de la ‘Inmaculada Concepción’ (antes de la definición dogmática de 1854). Misión de intercesión, confiar y recurrir a la Madre.
  • El globo bajo sus pies: Reina del Cielo y tierra.
  • El globo en sus manos: El mundo ofrecido a Jesús por sus manos.

Anverso - Virgen de la Medalla Milagrosa

Reverso de La Medalla

  • La cruz: El misterio de redención -precio que pagó Cristo-. Obediencia, sacrificio, entrega.
  • La M: Símbolo de María y de su maternidad espiritual.
  • La barra: Es una letra del alfabeto griego, “yota” o I, que es monograma del nombre, Jesús.
    Agrupados ellos: La Madre de Jesucristo Crucificado, el Salvador.
  • Las doce estrellas: Signo de la Iglesia que Cristo funda sobre los apóstoles y que nace en el Calvario de su corazón traspasado.
  • Los dos corazones: La corredención. Unidad indisoluble. Futura devoción a los dos y su reinado.

Reverso - Virgen de la Medalla Milagrosa

Nombre de la Medalla

La Medalla se llamaba originalmente: “de la Inmaculada Concepción”, pero al expandirse la devoción y haber tantos milagros concedidos a través de ella, se le llamó popularmente “La Medalla Milagrosa”.

Virgen de la Medalla Milagrosa

Oraciones a la Virgen de
La Medalla Milagrosa

Tomado del Portal Web “Devocionario Católico”
http://devocionario.com

Oración de Consagración a La Milagrosa

Postrado ante vuestro acatamiento, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, y después de saludaros en el augusto misterio de vuestra concepción sin mancha, os elijo, desde ahora para siempre, por mi Madre, Abogada, Reina y Señora de todas mis acciones y Protectora ante la majestad de Dios. Yo os prometo, Virgen Purísima, no olvidaros jamás, ni vuestro culto ni los intereses de vuestra gloria, a la vez que os prometo también promover en los que me rodean vuestro amor. Recibidme, Madre tierna, desde este momento y sed para mí el refugio en esta vida y el sostén a la hora de la muerte. Amén.

Virgen de la Medalla Milagrosa

Para obtener una gracia especial

¡Oh, María, consuelo de cuantos os invocan! Escuchad benigna la confiada oración que en mi necesidad elevo al trono de vuestra misericordia. ¿A quién podré recurrir mejor que a Vos, Virgen bendita, que sólo respiráis dignidad y clemencia, que dueña de todos los bienes de Dios, sólo pensáis en difundirlos en torno vuestro? Sed, pues, mi amparo, mi esperanza en esta ocasión; y ya que devotamente pende de mi cuello la Medalla Milagrosa, prenda inestimable de vuestro amor, concededme, Madre inmaculada, la gracia que con tanta insistencia os pido.

Para obtener la conversión de un pecador

¡Oh Virgen Inmaculada, verdadera escala por donde pueden los pecadores llegar al reino de Dios! Mostraos tal en la conversión de este infeliz que eficazmente encomendamos a vuestro patrocinio; iluminad su inteligencia con los rayos de luz divina que proyecta vuestra Medalla, para que conozca la vida peligrosa que arrastra, la inmensa desventura en que vive alejado de Dios y el terrible castigo que le espera; y, sobre todo, dejad sentir vuestra influencia sobre su corazón para que llore la ingratitud con que mira a Dios, su Padre amoroso, y a Vos, su tierna y cariñosa Madre. Tendedle vuestra mano ¡oh Virgen Purísima! arrancadle del cautiverio del pecado, sacadle de las tinieblas en que yace y conducidle al reino de la luz, de la paz y de la divina gracia.

Para obtener la curación de un enfermo

¡Oh, María, sin pecado concebida, cuya inmensa bondad y tierna misericordia no excluye el alivio de este amargo fruto de la culpa que se llama enfermedad de la cual es con frecuencia víctima nuestro miserable cuerpo! ¡Oh Madre piadosa, a quien la Iglesia llama confiada ¡Salud de los enfermos! Aquí me tenéis implorando vuestro favor. Lo que tantos afligidos obtenían por la palabra de vuestro Hijo Jesús, obténgalo este querido enfermo, que os recomiendo, mediante la aplicación de vuestra Medalla. Que su eficacia, tantas veces probada y reconocida en todo el mundo, se manifieste una vez más: para que cuantos seamos testigos de este nuevo favor vuestro, podamos exclamar agradecidos: La Medalla Milagrosa le ha curado.

Virgen de la Medalla Milagrosa

Para dar gracias por un favor recibido

¡Oh dulce y gloriosísima Virgen María! He dirigido mis humildes súplicas a vuestro trono, y he conocido por experiencia que nunca se os invoca en vano; que vuestros ojos miran complacidos a quien en vuestra presencia se postra; que vuestros oídos están atentos a nuestras plegarias; que vuestras manos vierten bendiciones a torrentes sobre el mundo entero, y en particular sobre los que llevan con confianza la Medalla Milagrosa. ¿Cómo pagaros, Madre inmaculada, tanto favor? De ningún modo mejor que proclamando vuestra bondad y difundiendo por todas partes vuestra bendita Medalla, como me propongo hacerlo desde este día en testimonio de mi agradecimiento y de mi amor. Dadme gracia, Madre mía, para llevarlo a cabo.

Juan Pablo II - Virgen de la Medalla Milagrosa

Oración de Juan Pablo II

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte Amén.

¡Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Vos! Ésta es la oración que tú inspiraste ¡Oh, María! A santa Catalina Labouré, y esta invocación, grabada en la medalla la llevan y pronuncian ahora muchos fieles por el mundo entero. ¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! ¡El Poderoso ha hecho maravillas en ti! ¡La maravilla de tu maternidad divina! Y con vistas a ésta, ¡la maravilla de tu Inmaculada Concepción! ¡La maravilla de tu fiat! ¡Has sido asociada tan íntimamente a toda la obra de nuestra redención, has sido asociada a la cruz de nuestro Salvador!

Tu corazón fue traspasado junto con su Corazón. Y ahora, en la gloria de tu Hijo, no cesas de interceder por nosotros, pobres pecadores. Velas sobre la Iglesia de la que eres Madre. Velas sobre cada uno de tus hijos. Obtienes de Dios para nosotros todas esas gracias que simbolizan los rayos de luz que irradian de tus manos abiertas. Con la única condición de que nos atrevemos a pedírtelas, de que nos acerquemos a ti con la confianza, osadía y sencillez de un niño. Y precisamente así nos encaminas sin cesar a tu Divino Hijo.

Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio del designio de salvación actuado por tu Hijo. Te pedimos que por medio del Espíritu Santo la fe se arraigue y consolide en todo el pueblo cristiano, que la comunión supere todos los gérmenes de división que la esperanza cobre nueva vida en los que están desalentados. Te pedimos por los que padecen pruebas particulares, físicas o morales, por los que están tentados de infidelidad, por los que son zarandeados por la duda de un clima de incredulidad, y también por los que padecen persecución a causa de su fe.

Te confiamos el apostolado de los laicos, el ministerio de los sacerdotes, el testimonio de las religiosas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Conversión de Alfonso Ratisbonne

Tomado del Portal Web “corazones.org”
http://corazones.org

Alfonso Ratisbonne era abogado y banquero, judío, de 27 años. Tenía gran odio hacia los católicos porque su hermano Teodoro se había convertido y ordenado sacerdote, tenía como insignia la medalla milagrosa y luchaba por la conversión de los judíos.

Alfonso pensaba casarse poco después con una hija de su hermano mayor, Flora, diez años menor que el, cuando en enero de 1842, haciendo un viaje de turismo a Nápoles y Malta, por una equivocación de trenes llego a Roma. Aquí se creyó en la obligación de visitar a un amigo de la familia, el barón Teodoro de Bussiere, protestante convertido al catolicismo.

El barón le recibió con toda cordialidad y se ofreció a enseñarle Roma. En una reunión donde Ratisbonne hablaba horrores de los católicos, este barón lo escuchó con mucha paciencia y al final le dijo: “Ya que usted está tan seguro de sí, prométame llevar consigo lo que le voy a dar- ¿Qué cosa? Esta medalla”. Alfonso la rechazó indignado y el barón replicó: “Según sus ideas, el aceptarla le debía dejar a usted indiferente. En cambio a mí me causaría satisfacción”. Se echó a reír y se la puso comentando que él no era terco y que era un episodio divertido. El barón se la puso al cuello y le hizo rezar el Memorare.

Alfonso Ratisbonne - Virgen de la Medalla Milagrosa

Por la plaza España se encuentra el barón con Ratisbonne en su último día en Roma y este le invita a pasear. Pero antes tenía que pasar por la Iglesia de San Andrés a arreglar lo del funeral del conde. Ratisbonne le acompaña a la Iglesia. He aquí su testimonio de lo que entonces sucedió: “a los pocos momentos de encontrarme en la Iglesia, me sentí dominado por una turbación inexplicable. Levanté los ojos y me pareció que todo el edificio desaparecía de mi vista. Una de las capillas (la de San Miguel) había concentrado toda la luz, y en medio de aquel esplendor apareció sobre el altar, radiante y llena de majestad y de dulzura, la Virgen Santísima tal y como está grabada en la medalla. Una fuerza irresistible me impulsó hacia la capilla. Entonces la Virgen me hizo una seña con la mano como indicándome que me arrodillara… La Virgen no me habló pero lo he comprendido todo”.

Alfonso Ratisbonne - Virgen de la Medalla Milagrosa

El barón lo encuentra de rodillas, llorando y rezando con las manos juntas, besando la medalla. Poco tiempo más tarde es bautizado en la Iglesia del Gesu en Roma. Por orden del Papa, se inicia un proceso canónico, y fue declarado “verdadero milagro”.

Alfonso Ratisbonne entró en la Compañía de Jesús. Ordenado Sacerdote, fue destinado a París donde estuvo ayudando a su hermano Teodoro en los catecumenados para la conversión de los judíos.

Después de haber sido por 10 años Jesuita, con permiso sale de la orden y funda en 1848, las religiosas y las misiones de Ntra. Sra. de Sión. En sólo los diez primeros años Ratisbonne consiguió la conversión de 200 judíos y 32 protestantes. Trabajó lo indecible en Tierra Santa, logrando comprar el antiguo pretorio de Pilato, que convirtió en convento e Iglesia de las religiosas. También consiguió que estas religiosas fundasen un hospicio en Ain-Karim, donde murió santamente en 1884 a los 70 años.

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Río Chico - Virgen de la Medalla Milagrosa

Medalla Milagrosa

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Río Chico - Virgen de la Medalla Milagrosa
Foto cortesía de Anthor Alfonzo.
Virgen de la Medalla Milagrosa de Río Chico.

Río Chico - Virgen de la Medalla Milagrosa
Foto cortesía de Anthor Alfonzo.
Virgen de la Medalla Milagrosa de Río Chico.

 

(Fuentes: - Internet, Corazones, www.corazones.org, 15/11/2014
- Internet, Devocionario Católico, www.devocionario.com, 15/11/2014)

 
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