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“Ve y Predica, porque para esto has sido llamado”
Santo Domingo de Guzmán

Santo Domingo de Guzmán
Portal Oficial, Parroquia “Nuestra Señora de las Mercedes”, Río Chico
Diócesis de Guarenas
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DE CRISTO
 

El Rosario

Santo Domingo de Guzmán

En los tiempos del padre Domingo de Guzmán, se vivía un importante conflicto de orden religioso: los protagonistas eran un grupo herético llamado “albigenses” (originarios de Albi, al sur de Francia); pretendían difundir una doctrina que afirmaba que existían dos dioses: uno del bien y otro del mal. El dios bueno fue quien creó todo lo espiritual, mientras que el dios malo fue quien creó todo lo material. En consecuencia, para los albigenses todo lo material era malo, incluyendo el cuerpo. Esto significaba que Jesús, al hacerse hombre y tener un cuerpo, no podía ser bueno y por consiguiente no podía ser Dios. Además, los albigenses también negaban los sacramentos, y la verdad de que María es la Madre de Dios; se rehusaban a reconocer al Papa, y establecieron sus propias normas y creencias.

En esos tiempos (siglo XII), los problemas trataban de solucionarse por medio de la guerra, pues se pretendía obligar a todos a pensar de determinada manera, los cristianos para defender su fe, participaban en ella, eran las batallas conocidas como “cruzadas”.

Santo Domingo evitó asociarse a la cruzada contra los albigenses, prefiriendo la acción pacífica a los horrores de la guerra, por lo que se dio a la tarea de ir a Francia, para convertir a los que se habían apartado de la Iglesia, por la herejía albigense. Trabajó por años en medio de estas personas; y por medio de sus predicaciones, oraciones y sacrificios, logró convertir a unos pocos; pero muy a menudo estas personas se retractaban debido al temor de ser ridiculizados, a pasar trabajos forzados o recibir algún tipo de represalia. Domingo dio inicio también a una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas, en un convento que se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen.

El Santo Rosario y la Virgen

La Virgen y Santo Domingo de Guzmán

Una Bella Tradición

La historia de Santo Domingo
y la Virgen María.

Existen relatos interesantes que pertenecen a la tradición de la Iglesia; han pasado de generación en generación, para enseñarnos cómo Dios se vale de diferentes medios, para hacer que crezca en los hombres el fervor, y como consecuencia, el deseo de hacer siempre su voluntad.

Acerca del Rosario, se cuenta la siguiente historia.

Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entró en un bosque y pasó en él tres días y tres noches, en continua oración y penitencia.

Un día, se le apareció la Santísima Virgen, acompañada de tres princesas del cielo y le dijo:

“¿Sabes tú, mi querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?”

“-Oh, Señora, respondió él, vos lo sabéis mejor que yo, porque después de vuestro Hijo Jesucristo fuisteis el principal instrumento de nuestra salvación”.

Ella añadió: “Sabes que la pieza principal de la batería fue la salutación angélica, que es el fundamento del Nuevo Testamento. Por tanto si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, reza mi salterio”.

La Virgen reveló: “Sólo si la gente considera la vida, muerte y gloria de mi Hijo, unidas a la recitación del Avemaría, los enemigos podrán ser destruidos”. “Es el medio más poderoso para destruir la herejía, los vicios, motivar a la virtud, implorar la misericordia divina y alcanzar protección. Los fieles obtendrán muchas ganancias y encontrarán en mí, a alguien siempre dispuesta y lista para ayudarles”.

Santo Domingo contaba que veía a la Virgen sosteniendo en su mano un Rosario, y que le enseñó a recitarlo; dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias. El Santo se levantó muy consolado y abrazado de celo por el bien de estos pueblos, entró en la Catedral y en ese momento sonaron las campanas (por intervención de los ángeles), para reunir a los habitantes.

Al principio de la predicación se levantó una espantosa tormenta, la tierra tembló, el sol se nubló y los repetidos truenos y relámpagos hicieron estremecer y palidecer a los oyentes. La tormenta cesó al fin por las oraciones de Santo Domingo. Continúo su discurso y explicó con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que los moradores le abrazaron casi todos, renunciando a sus errores, viéndose en poco tiempo, un gran cambio en la vida y costumbres de la ciudad.

La Virgen y Santo Domingo de Guzmán

 
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