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CIBERNAUTAS
DE CRISTO
 

Milagros de
San Antonio de Padua

San Antonio de Padua - Niño Jesús

La Visión

Mientras Antonio rezaba solo en la habitación, el dueño que lo hospedó lo estaba espiando a hurtadillas por una ventana, y vio aparecer entre los brazos del beato Antonio a un niño guapísimo y alegre. El santo lo abrazó y besó, contemplando en ello la cara con empeño incesante.

Aquel ciudadano, atónito y extasiado por la belleza de aquel niño, fue pensando entre sí de donde había venido un niño tan gracioso. Aquel niño era el Señor Jesús. Él le reveló al beato Antonio que el huésped estaba observándolo. Después de una larga oración, desapareció la visión, el santo llamó al ciudadano y le prohibió contar lo que había visto.

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El sermón a los peces

San Antonio de Padua - Peces

Antonio fue a difundir la Palabra de Dios, cuando algunos herejes intentaron disuadir a los fieles que no acudieron a escuchar el santo.

Los herejes tuvieron éxito y nadie se presentó a la predicación del hermano Antonio. Entonces el santo predicador, inspirado en Dios, fue a la playa cerca del mar y comenzó a decir: “Peces, escuchen la Palabra de Dios, porque los hombres no desean escucharla”. De pronto llegó a la orilla una gran cantidad de peces y todos estaban con la cabeza fuera del agua, atentos a las palabras del santo, que invitaba a alabar al Señor, creador del agua en la que ellos encontraban su alimento y vivían con tranquilidad.

Maravillados, los pescadores que estaban cerca de la playa corrieron enseguida a contar el milagro, y en seguida la playa se llenó de gente que escuchó al hermano Antonio

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Adoración de la mula

San Antonio de Padua - La Mula

En Rimini (ciudad Italiana), Antonio trató de convertir a un hereje y la disputa se basó alrededor del sacramento de la Eucaristía, es decir, sobre la real presencia de Jesús. El hereje, llamado Bonvillo, lanza el desafío a Antonio afirmando: “Si tú, Antonio, lograras probar con un milagro que en la comunión de los creyentes hay el verdadero cuerpo de Cristo, yo renunciaré a mi herejía y someteré sin demora mi cabeza a la fe católica”.

Antonio acepta el desafío, porque estaba convencido de conseguir todo de Dios por la conversión del hereje. Entonces Bonfillo, invitando con la mano a callarse dijo: “Yo tendré encerrada mi mula por tres días privándola de la comida. Pasados los tres días, la sacaré ante la presencia del pueblo, le enseñaré el pasto listo. Tú mientras tanto estarás por el otro lado con aquello que afirmas ser el cuerpo de Cristo. Si el animal hambriento rechaza el pasto y adora a tu Dios, yo creeré sinceramente en la fe de la Iglesia.

Antonio rezó y ayunó por los tres días. En el día establecido, la plaza estaba repleta de gente, todos en espera de ver cómo iba a acabar el asunto. Antonio celebró la Misa delante de la muchedumbre numerosa; y luego, con suma reverencia, lleva el cuerpo de Dios ante la mula hambrienta que fue llevada a la plaza. Al mismo tiempo Bonfillo le enseñó el pasto.

Finalmente, imponiendo silencio, el hombre de Dios, con mucha fe, ordenó al animal: “En virtud y en nombre del Creador, el cual yo, por indigno que sea, tengo de verdad entre mis manos, te digo ¡oh animal!, y te ordeno que te acerques rápidamente con humildad y le presentes la debida veneración, para que los malvados herejes comprendan con este gesto claramente que todas las criaturas están sujetas a su Creador, tenido entre las manos por la dignidad sacerdotal en el altar”. El siervo de Dios ni siquiera había acabado estas palabras, cuando el animal, dejando a un lado el pasto, inclinándose y bajando la cabeza, se acercó arrodillándose delante del sacramento del cuerpo de Cristo.

Una gran alegría contagió a los fieles católicos, tristeza y humillación a los herejes y a los no creyentes. Dios fue loado y bendecido, la fe católica exaltada y enaltecida. El mencionado hereje, abjuró de su doctrina en presencia de toda la gente, y a partir de aquel momento prestó leal obediencia a los preceptos de la santa Iglesia.

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El pie cortado

San Antonio de Padua - El pie cortado

Mientras Antonio confesaba, sucedió que un hombre de Padua, llamado Leonardo, se acusó de haberle pegado una patada a su madre con tal violencia que la hizo caer en tierra. El siervo de Dios lo reprendió severamente y dijo: El pie que golpea a su padre o a su madre debería ser cortado de inmediato.

Aquel hombre no entendió bien el sentido de las palabras de Antonio, y llevado del remordimiento por la culpa cometida y angustiado por las palabras del santo, se fue a su casa y se cortó el pie.

La noticia de este castigo tan cruel se difundió como un relámpago por toda la ciudad y llegó a oídos de la madre de Leonardo, quien, volviendo a su casa, vio a su hijo mutilado. Y, sabiendo el motivo, se dirigió al convento de los hermanos franciscanos, culpando a fray Antonio de ser el instigador de aquel suicidio de su hijo. El santo trató de calmarla y de explicarle las cosas. Fue con ella a su casa, y después de haber hecho una fervorosa oración, uniendo la pierna con el pie cortado y haciendo a la vez la señal de la cruz con la mano varias veces, el pie quedó perfectamente adherido a la pierna, de modo que el hombre se puso en pie sano y alegre, saltando y alabando a Dios.

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El recién nacido que habla

San Antonio de Padua - Recién nacido habla

Una mujer en Ferrara (ciudad Italiana), fue salvada de una terrible sospecha. El santo reconcilió a la esposa con el marido, un personaje ilustre, una persona importante de la ciudad. Hizo un verdadero milagro, al hacer hablar a un recién nacido, que tenía pocos días de vida, y que contestó a la pregunta que le había hecho el hombre de Dios.

Aquel hombre estaba tan furioso a causa de los infundados celos hacia su mujer, que ni siquiera quiso tocar al niño que acababa de nacer algunos días antes, convencido de que era fruto de un adulterio de la mujer.

San Antonio cogió el recién nacido en brazos y le habló: “Te suplico en nombre de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nacido de María Virgen, que me digas en voz clara, para que todos puedan oírlo, quién es tu padre”. Y el niño, sin balbucear como hacen los niños pequeños, sino con una voz clara y comprensible como si fuera un chiquillo de diez años, fijando los ojos en su padre, ya que no podía mover las manos, ligadas al cuerpo con las fajas, dijo: “éste es mi padre”.

San Antonio se giró hacia el hombre y le dijo: “Toma a tu hijo y ama a tu mujer que está atemorizada y se merece toda tu admiración”.

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El corazón del avaro

San Antonio de Padua - Corazón del avaro

En Toscana, gran región de Italia, se estaban celebrando solemnemente, como sucede en estos casos, las exequias de un hombre muy rico. En el funeral estaba presente san Antonio que, movido por una inspiración impetuosa, se puso a gritar que el muerto no tenía que ser enterrado en un sitio consagrado, sino a lo largo de las murallas de la ciudad, como un perro.

Y esto porque su alma estaba condenada al infierno, y aquel cadáver no tenía corazón, como había dicho el Señor según el santo evangelista Lucas: Donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.

Ante esta exhortación, como es natural, todos se quedaron estupefactos, y tuvo lugar un encendido cambio de opiniones. Al final se abrió el pecho del difunto, y no se encontró su corazón que, según las predicciones del santo, fue encontrado en la caja fuerte donde conservaba su dinero.

Por dicho motivo, la ciudadanía alabó con entusiasmo a Dios y a su santo. Y aquel muerto no fue enterrado en el mausoleo que se le había preparado, sino llevado como un asno a la muralla y allí enterrado.

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San Antonio de Padua - Pajaritos

Los pajaritos encerrados

El nombre de bautismo de San Antonio era Fernando. Amaba mucho a Dios y a sus padres; demostraba amor por Dios en sus largas oraciones y amor por su papá y su mamá, siempre dispuesto y feliz a obedecer. Cuando sus padres lo llamaban él respondía inmediatamente, dejando a un lado el juego, e incluso la oración.

Un día, el Señor premió su gran deseo de ir a la iglesia. Era la estación en la que los campos se doran por el trigo y los pájaros se alimentan con las espigas. Su padre le encargó a Fernando que cuidara el campo para alejar a los pájaros durante su ausencia; el joven obedeció, pero después de una hora sintió un gran deseo de ir a orar en la iglesia. Entonces, recogió a todos los pájaros y los encerró en un cuarto de su casa.

Cuando su padre regresó, se enojó porque no estaba Fernando en el campo y comenzó a llamarlo a gritos, pero él le aseguró que ni siquiera un grano de trigo había sido comido; lo condujo así a la casa y le mostró los pájaros que estaban guardados, después abrió las ventanas y los dejó libres. El padre, sorprendido por esto, lo apretó contra su pecho y lo besó con admiración.

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La comida envenenada

San Antonio de Padua - Comida envenenada

Otro día nuestro santo fue invitado a comer por ciertos herejes. Él aceptó la invitación con la esperanza de rescatarlos del error, así como Jesús se sentaba a la mesa con los publicanos y pecadores.

Aquellos herejes, a quienes confundía con sus sermones y debates públicos, le pusieron una trampa. Le pusieron una comida envenenada, pero el Espíritu Santo se lo reveló al instante. Él les recriminó el engaño con palabras afables, pero ellos, mintiendo, le dijeron que lo habían hecho con el fin de probar la verdad de la frase evangélica: Si beben alguna bebida mortal, no recibirán ningún daño (Mc 16, 18). Así trataron de convencerlo para que comiera, asegurándole que, si no sufría daño, creerían en el evangelio, mientras que si rehusaba, considerarían falsas esas palabras evangélicas.

Entonces, Antonio trazó la señal de la cruz sobre la comida y les dijo que no lo hacía para tentar a Dios, sino para demostrar su celo por su salvación y la verdad del evangelio. Comió en efecto, y como no sufría daño alguno, los herejes se convirtieron.

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San Antonio de Padua - Pecador arrepentido

El pecador arrepentido

La predicación de san Antonio, además de hablar de la glorificación de Dios y del triunfo de la Iglesia, abarcaba la conversión de los pecadores; por eso, después de demostrar la maldad del pecado y el mal que produce, exhortaba a todos a hacer una buena confesión.

Un día acudió a él un pecador decidido a cambiar de vida y a reparar todos los males cometidos. Se arrodilló a sus pies y era tal su conmoción que no podía articular palabra alguna, mientras las lágrimas de arrepentimiento le cubrían el rostro. San Antonio lo convenció de retirarse a escribir en un papel todos sus pecados. El hombre obedeció y después regresó con una larga lista. Enseguida san Antonio comenzó a leer en voz alta la lista del pecador, que seguía arrodillado. ¡Fue grande la admiración del pecador arrepentido cuando vio el papel completamente limpio! Los pecados fueron arrancados del alma del pecador.

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El joven resucitado

San Antonio de Padua - Joven resucitado

Cuando nuestro santo habitaba en Padua, su padre aún vivía en Portugal. En una ocasión, dos nobles portugueses se hicieron la guerra a muerte. Uno de ellos mató al hijo de su enemigo. Para tapar su crimen, no encontró mejor solución que la de enterrar a su víctima por la noche en el jardín de la casa de los padres de nuestro santo.

Tras muchas pesquisas, fue descubierto el cadáver y el padre de Antonio fue tomado preso para responder del crimen. San Antonio supo por revelación de Dios lo que ocurría y aquella misma noche pidió permiso para ausentarse, obteniéndolo fácilmente.

Al día siguiente por la mañana estaba en Lisboa (por bilocación). Se dirigió a la casa del juez, y no habiendo podido obtener de éste la libertad de sus padres y parientes, pidió que, al menos, le llevasen a su presencia al niño enterrado. Lo resucitó y ordenó que dijera si las personas a quienes se acusaba eran o no inocentes. Reveló el niño la verdad y los padres de Antonio fueron liberados de la cárcel. Nuestro santo permaneció con ellos todo aquel día. Al día siguiente, fue llevado a Padua por ministerio de los ángeles.

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El don de la bilocación

San Antonio de Padua - Don bilocación

Era la medianoche del Jueves Santo, en la iglesia de Saint Pierre de Queyroix. Terminados los maitines empezó Antonio a anunciar la palabra de Dios a la gente reunida en torno suyo. Ahora bien, en aquel mismo momento, los frailes menores cantaban en su convento el oficio de la mañana, en el cual nuestro santo, por razón de su cargo de custodio, tenía que recitar una lección.

Saint Pierre de Queyroix distaba bastante del monasterio franciscano, por lo cual no parecía posible que Antonio pudiera encontrarse entre sus hermanos en el momento oportuno. Pues bien, esto fue lo que puntualmente ocurrió. Llegado dicho momento callóse Antonio, y habiéndose mostrado súbitamente al mismo tiempo en el coro de su convento, cantó su lección hasta el final y desapareció enseguida. Salió entonces de su silencio en Saint Pierre y continuó su sermón ante el pueblo.

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La Lluvia evitada

San Antonio de Padua - Demonio burlado

Otro día, habiendo convocado el santo al pueblo de Limoges para una predicación solemne, se reunió tal número de oyentes que, por de pronto, hubo de descartarse la idea de reunirlos en alguna de las iglesias de la ciudad. Antonio se dirigió con ellos, a un antiguo anfiteatro romano, llamado “le Creux des Arènes”. Era en aquella época un lugar muy frecuentado, en el cual se celebraban las ferias y los mercados, y donde, según la costumbre de aquellos tiempos, nadie veía inconveniente alguno en que se utilizara también para las ceremonias religiosas; particularmente para la predicación.

En lo mejor del sermón, cuando el auditorio se hallaba pendiente de los labios del orador, amenazó una tormenta: retumbó el trueno y comenzaron a caer algunas gotas. La muchedumbre se asustó y quiso huir; pero el santo los tranquilizó con bondad, diciéndoles: “Nada temáis; no os marchéis; continuad oyendo la palabra de Dios. Espero en Aquel, en quien jamás se confía en vano, que no os alcanzará la lluvia”. Rindiéndose a esta exhortación, permanecieron allí los asistentes tanto tiempo como quiso el predicador evangelizarlos, sin que absolutamente los molestase la lluvia.

 

(Fuente: - Internet, Fidelis Dei, www.digilander.libero.it, 20/11/2015
- Internet, San Antonio de Padua, www.snantoniopadua.com.mx, 20/11/2015
- Internet, Autores Católicos, www.autorescatolicos.org, 20/11/2015)

 
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