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Cacao

La Fogata del Cacao

Cacao

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Fogata del Cacao

La Fogata
del Cacao

Patrimonio de Río Chico
¡Un espacio de libertad,
en torno a la Virgen de las Mercedes!

La libertad es una prerrogativa eminentemente humana. En el designio de Dios siempre estuvo presente la disposición de que el hombre fuera libre y tuviera la capacidad de auto determinarse en y desde las circunstancias en que le toque vivir. El hombre es consciente desde siempre de su propia libertad. La libertad es para el hombre una de sus máximas aspiraciones y lo que siempre tiene en su horizonte como una conquista máxima. Cada día parece ser como un escenario donde a veces se libran las más cruentas batallas por la adquisición del mayor número de libertades posibles. Pero… ¡aquí viene la paradoja! Libre en su misma esencia, al hombre mismo le cuesta reconocer que los demás también tienen la libertad como prerrogativa inalienable. En esta percepción tan simple, aparentemente, se fundamenta lo que ha sido todo género de esclavitud, desde sus manifestaciones más sofisticadas en periodos de la historia bien concretos, hasta aquellas más recientes, en las que grandes potencias mundiales parecieran querer el perenne avasallamiento de los demás pueblos.

Fogata del Cacao

La región de Barlovento es tierra de contrastes bien marcados. Es Barlovento la tierra donde lo telúrico se mezcla con lo celestial; lo espiritual con lo carnal; la barbarie con lo sublime. Los contrastes de las pieles de los blancos y de los negros en Barlovento, es la posibilidad del reconocimiento evidente que la vida está hecha de contrastes, en los que se dan cita multitudes de matices que no se pueden percibir en una sola mirada panorámica y ligeramente superficial.

Pero Barlovento es la tierra donde se citaron los más bárbaros géneros de esclavitud, al tiempo que los gritos más desesperados y vehementes por la libertad. Desde que la región de Barlovento conoció la luz como pueblo, la esclavitud formó parte de las viciadas estructuras sociales de una casta que se consideraba superior a los demás, a los que no eran ni mejores ni peores… simplemente, ¡diferentes! Las grandes haciendas del cacao, otrora fuente de ingreso privilegiado para las clases dominantes de esta región, fueron los escenarios más propicios para hacer de la esclavitud una necesidad. Los negros, a quienes no les era reconocida ni la más elemental dignidad, fueron sometidos a los más brutales y primitivos tratos. Despojados de su dignidad, no se les reconoció la identidad de su cultura… Teórica y prácticamente, los negros no eran considerados más allá de ser animales de carga que tenían que ser forzados a los trabajos más… ¡innobles!

Las ansias de libertad, el grito enérgico de la sangre pidiendo el reconocimiento de la libertad, no dejó nunca de correr por las venas de cada negro que era sometido a la esclavitud. No dejaba pasar oportunidad el negro de darle noticias al blanco de la dignidad de que era despojado. La resistencia silenciosa, las lágrimas contenidas y reprimidas frente a la inclemencia de los azotes, la rebeldía sostenida aun en la sumisión, el descargue enérgico e ininterrumpido del tambor, la lascivia de los movimientos en sus bailes… eran sólo unas cuantas manifestaciones de las inquebrantables ansias de libertad del pueblo negro.

Fogata del Cacao

…Y en medio de todo este triste escenario, ¡la Virgen María! Precisamente María, la mujer que alcanzó la cumbre de su propia libertad cuando se declara a sí misma como la esclava del Señor. María, la mujer que demostró que sólo siendo dependiente de Dios podemos llegar a ser enteramente libres… Por si fuera poco, ¡María de las Mercedes! María contemplada y venerada con el señero título que le fue puesto en un escenario de violenta esclavitud, cuando los cristianos, eran reducidos a la cautividad.

¡La Virgen de las Mercedes! Una advocación de la Virgen cuya imagen, en su color y fisonomía, nada tenía que ver con las facciones fuertes y delineadas del negro sometido a esclavitud. Hete aquí la paradoja: una mujer blanca, con las mismas facciones que el blanco dominador, se convierte en la depositaria de los deseos de libertad del negro sometido a esclavitud, la confidente de sus dolores interminables y la dispensadora de consuelo en medio de una situación donde nada parecía consolar. Aunque una devoción impuesta al negro por el blanco dominador, la Virgen de las Mercedes pasó a ser parte de la vida y de las ansias reprimidas del negro esclavo…

Y en medio de todo este escenario, la fogata del cacao. La inclemencia despiadada del blanco avaro y codicioso, conocía una tregua en el curso casi invariable para los días del negro. ¡El 23 de septiembre! ¡Víspera de la Virgen de las Mercedes! El negro era liberado, por un día, de los afanes torturadores de cada día. Era un día en el que podía sentirse libre en su expresión, libre en su deseo, libre en su sensibilidad… ¡Un momento, un espacio de libertad, en torno a la Virgen blanca de los blancos! Pero que en realidad era asumida como la Virgen de todos, la de los blancos, pero también la de los negros.

La víspera del día de la Virgen de las Mercedes, como despertándose a la vida recién estrenada, los negros se reunían entorno a una gran fogata. El fuego vivo y llameante, soportado por la madera seca, que subía al cielo y despedía luz y calor, se convertía en una expresión de libertad, en un gozo indescriptible por ser libre, por más que fuera durante aquella noche, la noche que precedía el día solemne de la Virgen de todos. Ahí, con el golpe incansable del tambor, en el baile se combinaban ritmo y movimiento, pasión y lujuria, deseo y represión… el hombre esclavo que rozaba la libertad.

Y así, cada 23 de septiembre, en un deseo de mantener vivo el clamor perenne de la libertad cada vez más lograda, la tierra de Barlovento busca estremecerse con la fogata del cacao, convirtiéndola en un símbolo recordatorio perenne de que la libertad es el marco vital de todo ser humano, que fue creado libremente, para la libertad y en la libertad.

R.P. Fray Ángel Villasmil, O.P. - 2004
Párroco de Río Chico (2002 - 2007)

Significado de la Fogata del Cacao

Fogata del Cacao

En las tupidas selvas de Barlovento, los negros con permiso de sus amos, preparaban el día 23 de septiembre, en los apartados cacaotales de las haciendas del Río Chico colonial, una gran fogata de leña seca, que luego se convertiría en flameante llama, como un signo de elevación de todas las plegarias contenidas en el alma de cada negro, que pedía con fervor a la Virgen blanca, en la víspera de la fiesta de la redentora de los cautivos, la Virgen de las Mercedes.

El negro humillado en su dolor e ira, convierte esa noche en noche de súplica por la liberación del maltrato y de la esclavitud. La llama devora la ira de los negros y aplaca su sed de venganza, bajo el repique de los tambores de la mina y de la corveta, a la sombra de la noche y al brillo del fuego que hierve la sangre del negro, para desatar su ira con el bailar excitante que lo transporta a la liberación espiritual soñada.

Con el sonar de los tambores y de los maderos, se vuelca el alma negra en el grito sensual que arranca una entonación lamentosa, que enturbia la alegría de la raza humillada. En medio del baile, no puede faltar el brindis con el chocolate, bebida que proviene del fruto causante de su cautividad, el mismo que cruje del tostar incesante del fuego; bebida amarga que dota de energía al cuerpo esclavo, que danza toda una noche para olvidar su dolor.

Bañados por la radiante luz, los reflejos de los candiles en los rostros esperanzados del negro, vueltos hacia la blanca estrella en la noche del dolor, la alegría, el sufrimiento y la rabia, dominados por el incansable repicar del tambor, imploran el dulce amparo de la Virgen blanca. Al fuego, lanzan sus desesperados gritos de libertad, que en brillos diminutos suben al cielo, sintiendo como si el fuego les arrancara el dolor y la ira, elevándola a Dios para no desatarla sobre su amo y sus opresores. Imploran a la embrujada noche, como si imploraran a los espíritus con voces fuertes de veneración a la gran señora, mientras las manos ágiles le arrancan a los parches de la mina y de la corveta el alma frenética de la música africana.

Sigue corriendo la noche y el negro continúa quemando su ira, pidiendo la misericordia de Dios una y otra vez, mientras se tocan los misteriosos instrumentos o se danza al sonar del “tacatá tacatá”. Vestidas con ropa limpia, cotizas nuevas, las negras con enaguas almidonadas, pañuelos de madrás que le oprimen las greñas rebeldes; los negros de pantalón y hombros desnudos con verdugones del látigo, del déspota capataz. En esta noche la raza negra es libre, aunque luego le vengan días de humillaciones que avivan su ira, y envenenan nuevamente su corazón, pero él confía en sus ruegos y perdona al blanco en silencio, y le ofrece el perdón a Dios.

R.P. Fray Ángel Villasmil, O.P. - 2004
Párroco de Río Chico (2002 - 2007)

Fogata del Cacao

Historia de la Fogata del Cacao

Escrito por el cronista de Río Chico,
Juan Ernesto Gómez González - 2013

En Río Chico, esta tradición de preparar y encender ‘La Fogata del Cacao’, la inició un señor de apellido Anuel; y data, aproximadamente, del año 1930, cuando se organizaban las Fiestas de Río Chico en honor a la Virgen de las Mercedes.

Anteriormente se realizaba el día 23 de septiembre en un paraje, donde está ubicada la Concha Acústica, preparada por los señores Ignacio López y Jesús López Castro; quienes se dedicaban a recolectar la leña y la acopiaban en forma de carama, una encima de la otra, la rociaban con kerosén o gasoil, hasta esperar el momento de ser encendida por uno de ellos. Muy cerca de allí, en un fogón improvisado, la señora María Benítez se encargaba de preparar la deliciosa bebida de chocolate; la cual era repartida a todos los asistentes a la celebración por los cofrades de la Sociedad ‘Ntra. Sra. de las Mercedes’; para así, brindar y degustar el cacao, llamado el alimento de los dioses.

Fogata del Cacao

 

Video de la Fogata del Cacao 2011
Patrimonio de Río Chico
¡Un espacio de libertad, en torno a la Virgen de las Mercedes!

 
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Nota: Página actualizada en el año 2017

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